Un salto de fe

Mi consultante Alma ha estado tomando flores durante unos tres meses. Ayer me dijo que quería compartir conmigo uno de esos momentos en donde llega un pensamiento que parece diseñado para iluminar un cuarto oscuro. Sí, se dio cuenta de algo trascendente en su proceso y estaba emocionada.

Así es como funcionan las flores: el patrón de vibración de éstas entra en contacto con el campo energético del cuerpo humano, como en la analogía siguiente: la idea aparece, de manera honesta, espontánea, pura, así como cuando la flor se abre. En ese momento nos damos cuenta de las cosas, nos hacemos conscientes de lo que es.

Esto es lo que dijo Alma: “Me da miedo tener abundancia en todos los sentidos… y no sé cómo frenar esto, cómo romper con esto. No sé cómo aceptar todo lo bueno que el universo tiene para mí, pareciera que siempre le estoy huyendo. Es como si no creyera que está disponible para mí.” Alma estaba abriendo la puerta a una de las lecciones más hermosas de las flores de Bach,

La lección de Gentian: fe.

Hace meses, cuando comenzó la terapia floral, reconoció que había sentimientos no resueltos de rencor, los cuales estaban con ella desde hace bastante tiempo. También identificó momentos de apatía generalizada hacia ciertas situaciones, con frases como “Las cosas no van a cambiar, ¿para qué me molesto en hacer algo?”. Aquí quiero hacer un paréntesis para reflexionar entre la delgada línea entre resignación y aceptación. Si me resigno, dejo el poder de mi vida a las circunstancias (me muestro apático); si acepto, veo las cosas como son y tomo cartas en el asunto. Para estos bloqueos energéticos, su fórmula estuvo preparada con Willow (para el resentimiento) y Wild Rose (para la resignación).

Tengo que reconocer que, desde la primera sesión con Alma, intuí que Gentian iba a aparecer en algún momento, aún si no era evidente en un principio. Y así fue, con su mensaje de ayer y su “darse cuenta”, contactó con su necesidad de conectar con la abundancia. Estos momentos son los más bellos en la terapia floral, y es que a través de la apertura de consciencia se hace posible la verdadera transformación.

El proceso de Alma me ha hecho reflexionar sobre la fe. ¿Qué es?¿De dónde proviene? Creo que una manera de reconectar con la fe perdida es a través de la aceptación (retomo la esperanza, Wild Rose) y del perdón (suelto la pesada carga que me ancla al destino, Willow).

Esto es lo que el Dr. Edward Bach dijo de Gentian:

“Para quienes se desaniman con facilidad. Pueden estar progresando en la enfermedad, o en los asuntos de su vida diaria, pero cualquier retraso o interferencia en el progreso les causa duda y los desalienta.”

En la terapia floral, Gentian es para el pesimista, es decir, aquél que no quiere intentarlo de nuevo por miedo a volverse a encontrar con obstáculos en el camino. En mi práctica, he encontrado que el pesimismo tiene muchísimos matices y a veces no aparecen como evidentes. Sin embargo, todos esos matices tienen algo en común: la falta de fe, o la verdad autoimpuesta de que la abundancia no está disponible para uno mismo. Esto hace que los pensamientos de las personas tiendan a la negatividad, a esperar lo malo, pues en el fondo no creen que lo bueno esté a su alcance. En consecuencia, su mismo subconsciente pide a la vida que refuerce esta idea de fatalidad, para así justificar la creencia de que es mejor no intentarlo de nuevo.

La imagen que acompaña a esta publicación muestra un par de fotos y una ilustración de Gentian. Si ponemos atención en el gesto de la flor, podemos ver cómo parece dirigir su mirada hacia arriba, reconociendo así todo lo que está disponible para ella. Al abrir los brazos y dirigirlos hacia el cielo, no solo pide, sino que se sabe lista para recibir, pues su elongado cáliz abraza todo aquello que llega. Me encanta el gesto de Gentian, como una oración de felicidad elevada al cielo, al universo, confiando en la riqueza infinita de la cual ella también se sabe partícipe.

Como término, la fe se encuentra comúnmente ligada a la religiosidad, por ejemplo, creer en algo que no se experimenta con los sentidos o que no puede ser probado por la ciencia. No me encuentro de acuerdo con nada que implique creer “ciegamente” en algo, ya que ello implica no participar activamente de la experiencia. En este sentido, mi punto de vista personal es que la fe proviene de un proceso de comprensión.

Para cerrar esta publicación, dejo una lista de conclusiones al respecto:

  • Fe, es comprender que detrás de cada obstáculo hay una oportunidad para crecer.
  • Fe, es comprender que toda oportunidad de trascender no es derecho de unos cuantos, sino que está disponible para todos.
  • Finalmente, fe es comprender que la evolución es nuestro derecho divino.

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