It ain’t over till it’s over . Ya lo pasado, ¿pasado?

Mientras viajaba a la Ciudad de México hace unos días, venía reflexionando sobre lo que pesa, lo que traemos a cuestas y que a veces aceptamos cargar más por costumbre que por voluntad propia. En mis acompañamientos florales me he dado cuenta que una de las anclas más comunes es la del pasado. Lo relaciono con carga por ser categórico, más como metáfora que con ánimo de juicio. La carga no es el pasado, sino la interpretación que nosotros le otorgamos a éste: la manera en la cual manifestamos su influencia en nuestras vidas presentes.

Hace unas semanas escuché por ahí que alguien decía el mejor año de mi vida fue… . Frases como ésta, que muchos podemos usar de manera automática, generan una realidad que a la larga resulta en nostalgia, que nos lleva a fantasear reviviendo una y otra vez lo que nos dio una gran felicidad. Yo me pregunto si esto no es, de alguna manera, dejar que nuestra vida se escape en un recuerdo. Lo digo porque se vuelve crónico. Literalmente, hay gente que vive en el pasado y su aferramiento es tal que lucha por revivirlo a toda costa, causando nuevamente olas de tristeza por algo que, aunque duela aceptarlo, está muerto.

Existe también la otra polaridad, donde aquello que aparece en nuestra memoria constantemente, y que intentamos revivir incluso de manera inconsciente, es el recuerdo de un pasado doloroso. Por descabellado que parezca, también podemos aferrarnos a lo que nos hizo daño, tal vez como un intermitente recordatorio de que nos puede volver a suceder.

Vivir en el pasado pesa, cierra puertas, nos desconecta de nuestro propio poder creador. Resulta infructuoso tratar de regresar el pasado, pero sí es posible crear nuestro futuro al vivir plena y conscientemente el momento presente. Podrá sonar transgresor, pero ahora estoy convencido de que el mejor año de tu vida, los mejores momentos, las mejores experiencias y las mejores vivencias no existen. Son una ilusión de la mente en la búsqueda de la felicidad dentro de lo conocido, regresando al lugar donde aprendimos a sentirnos bien. No hay mejores momentos, sólo momentos que se esfuman, que no nos pertenecen, pero que sí conforman nuestra historia, sean estos felices o tristes.

Entonces, ¿Cómo liberarme del pasado?¿Cómo cortar con estos recuerdos? La respuesta, que a primera vista se antoja contradictoria, me aparece así: con el pasado no se corta como si fuera un enemigo, al pasado no se le ignora como a un personaje incómodo, ni siquiera se le entierra como a un muerto en cuya tumba regresamos a llorar su ausencia, no. Al pasado se le honra. Al pasado se le reconoce como maestro, se le hace honor aplicando lo aprendido, aquí, ahora, integrándolo en nuestro ser, en la infinita presencia que cada uno de nosotros experimenta con una respiración, un parpadeo, al pasar saliva, al ser acariciados por el aroma de una flor.

El pasado es un maestro que confió en nuestro propio aprendizaje y por ello nos dejó ir. En reconocimiento, podemos actuar de la misma manera, diciéndole adiós, dando la bienvenida a lo nuevo, para que nos sea presentada la siguiente lección en este día de escuela que se llama vida.

En la foto de arriba aparece la flor del Honeysuckle, una de las 38 flores de Bach (no estoy seguro que sea Lonicera Caprifolium, pero definitivamente es una lonicera). El gesto de la flor es evidente: al abrirse parece dejar atrás los pétalos, en un acto de belleza, retrayéndolos delicadamente en forma de espiral, quedando sus estambres expuestos. Al ver la flor pienso en juegos pirotécnicos, porque Honeysuckle celebra la creación en potencia que espera felizmente ser manifestada. Esta flor es indicada para quienes viven en el pasado. En mi experiencia, Sage (Salvia officinalis) y Sagebrush (Artemesia tridentata), del sistema de California, son excelentes acompañantes en cualquier fórmula floral que ayude al consultante a asimilar lo esencial del aprendizaje de su propia historia.

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Last week, while I was traveling to Mexico City the idea of the past and how it can become a burden suddenly appeared in my mind. During my coaching sessions, I have realized how the past is a recurring topic, which my clients bring up in a variety of situations, such as grief, aging, broken hearts, and even from childhood traumas. I use the term burden in a metaphorical rather than a categorical way, because I believe what anchors us is our own interpretation of the past and how this is manifested in our present lives.

A few weeks ago, I heard someone saying the best year of my life was…. How many times have we used this kind of phrases? This of course implies that the past is better than the present. But is the comparison worth it? I believe that, by comparing, we subconsciously detach from the present moment in an attempt to live again those greatest moments of happiness. Detachment from the present, however, is detachment from awareness and this causes disconnection with ourselves. I wonder whether by longing for the past, we are somehow letting our own lives scape away from us for the sake of grasping memories.

Some, on the contrary, grasp the painful bits. Yes, it happens. Longing for the sad moments is a reality because links between important people in our lives are sometimes built upon pain. When these people are no longer part of our lives, letting go becomes an even more painful process.

In any case, when either happy or sad memories are relived in our minds, we are playing the dangerous game of not only reliving, but re-enacting our past. Again, it is dangerous in both cases: for the happy memories, re-enacting will lead to disappointment while for the sad memories it will inevitably result in self-damage.

The question may then be how to release the burden, how to break free from what anchors us. The answer, contradictory as it may seem, is that there is no need to get rid of the past. There is no need to run away from it, even ignoring or trying to bury it is futile. Instead, the past must be honored, for it is a caring teacher, a patient provider of the lessons life had for us to learn. The past allows us to integrate every piece of our story into who we are now.

The featured image in this post shows the Honeysuckle flower, one of the 38 remedies of Dr. Bach. I am not sure whether it is Lonicera Caprifolium, but it certainly is a lonicera. The gesture of the flower is clear: delicate spirals gently release what is behind in order to expose her stamens, symbolizing creation, the manifestation of the idea here and now. It also appears to me as fireworks, celebrating the way the flower learned to create her future by being light and aware in the present moment. In my practice I have learned that Sage (Salvia officinalis) and Sagebrush (Artemesia tridentata), from F.E.S.  are two amazing flower essences for being included in any formula related to learning from the past, as these two help us embrace what is essential in our own story.


Featured image by Keith Williamson [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)%5D, via Wikimedia Commons.

2 thoughts on “It ain’t over till it’s over . Ya lo pasado, ¿pasado?”

  1. Aveces actuamos sin darnos cuenta de que el pasado no nos deja vivir ni disfrutar el presente, gracias por tu excelente artículo. Dejaré pasar al pasado y le abriré los abrazos al presente.

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