La vida de la flor

No quiero ser una flor de invernadero. No quiero luz artificial, ni cuatro paredes que me protejan del viento, ni un sistema de riego que nutra mis raíces a tiempo. No quiero certidumbres ni pétalos perfectos en un supermercado.

Quiero vida con golpes y alegrías, quiero amores con riesgos y caídas y que nadie corte las espinas de mi tallo, que no solo en mis rosas encontrarán belleza.

Que la atmósfera penetre con su lluvia el vientre de la tierra donde aguarda confiada mi semilla; así aprenderé a abrir los ojos en la oscuridad.

Que el sol proyecte la fuerza de su luz sobre mi ser; así sabré confiar en el cálido gesto de su rayo.

Que el viento me acaricie a veces y a veces también me haga temblar; así podré entender el valor de mis raíces y mis ramas.

Quiero ser yo quien revele mis colores y le cuente al universo mis secretos. Así hablaré de triunfos y batallas perdidas, de amores y caídas, de abandonos y de la sonrisa en mi corazón, esa semilla que emprendió su viaje desde la flor a las entrañas de la tierra, confiando así su viaje de regreso a la luz como flor nueva.

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