La semilla y el intento

Sembrar una semilla es un acto de amor, pero tu amor no garantiza que broten sus flores.

Puede ser que la riegues de más y se ahogue; puede ser que no le pongas suficiente agua y se seque; puede ser que no hayas elegido buena tierra y no logre echar raíces. También puede ser que, aún después del paso de tormentas y huracanes se abran todas sus flores.

Lo único cierto es que cuando siembras la semilla no sabes si verás alguna de sus flores.

Solo la cubres con un poco de tierra y esperas que el sol le brinde su calor, que la luna la cobije, que el tiempo le traiga fuerza, que el cielo la humedezca con su lluvia y que conecte con la sangre de la tierra.

Así, es en el intento, no en el resultado, cuando hacemos un espacio en nuestro corazón para que ocurra la vida como es, no como quisiéramos que fuera.

Porque quien vive de resultados es la mente, que todo lo estructura y lo controla; mientras es el corazón quien orquesta en armonía la cohesión instantánea de partículas llamada realidad.

Porque tal vez la semilla que tardaba en germinar solo estaba esperando que pasara el invierno para abrirse a la vida como flor en primavera.

Y aunque tú ya no la vieras, sería hermosa, como todas las flores.

El poder de lo pequeño

A menudo olvidamos el poder de las simples y pequeñas acciones. Una sonrisa, una mirada comprensiva, un gesto amoroso. Un gracias, una caricia, un apretón de manos con el corazón. Caminar tomados de la mano, un beso de buenas noches, bailar abrazados despacito.

Un “Te amo” dicho por primera vez.

Y por segunda, y por tercera… y por última.

Algo que me parece maravilloso de estas pequeñas acciones es que, dada su sencillez, rara vez vienen acompañadas de la comparación. Por ejemplo, es raro que alguien quiera ser el mejor abrazador del mundo o el poseedor de la mirada más comprensiva.

El amor no tiene lugar para la comparación y es a través de nuestras pequeñas acciones que nos permitimos amar todos los días. Aún así, no parecemos reparar en el gran poder detrás de estos simples actos.

Decía Teresa de Licieux: “El amor está hecho de pequeños detalles”.

Quiero compartir la hermosa afirmación floral de Buttercup (Ranunculus Occidentalis), esencia floral de Flower Essence Services (FES) recomendada en casos donde la propia valía se ve quebranta por la tendencia a compararse con los demás. La afirmación, de la autoría de Patricia Kaminsky, nos recuerda cómo el poder de lo sencillo se gesta en corazones extraordinarios:

” Mis pequeñas y simples acciones pueden contribuir al bien del mundo.
Reconozco la luz dentro de mí, que es única.
Con gracia y sencillez, ilumino al mundo. “