Tu propio espejo

La ausencia es el espejo del pasado. Ese espejo nos presenta lo que ya no está. Ausencia es también sinónimo de carencia. El ser humano es especialista en huir de aquello que le recuerda sus espacios vacíos, lo interpreta como peligro y hace todo para que ese vacío no se revele ante sus ojos.

Si el espejo lo usamos para ver el rostro del pasado nunca aceptaremos la presencia de quienes somos ahora. Esa presencia es perfecta y única a pesar de las carencias que nuestro ego se empeña en maquillar.

Aceptar la ausencia es el primer paso para transformarla en presencia. Abrir los ojos a la carencia nos enviste del fuego necesario para manifestar la abundancia.

Si te han abandonado, si tus padres no estuvieron en tu vida, si tu pareja se marchó, no luches contra esa ausencia. Acéptala: no te abandones a ti mismo.

Si ha muerto un ser amado, no cierres más los ojos. Ábrelos. Así saldrán más lágrimas que aclararán tu horizonte. No huyas de tus emociones. Acepta la ausencia: no seas tú quien muera.

Si has perdido el honor y la credibilidad, levántate sobre tus sueños, encuentra la llama, defiende tu pasión. Levántate sobre las voces que te dicen que no eres suficiente. Acepta el fracaso: recupera la fe en ti mismo.

El pasado es como una onda senoidal que nos muestra el constante devenir entre la luz y la oscuridad.

Lo que hace falta en tu vida eres tú. No tengas miedo de tus colores, reconoce la forma de tus pétalos y el aroma que emana tu presencia amorosa. Nadie más puede aportar al mundo lo que tú aportas.

Utiliza el espejo del presente para ver el reflejo de tu luz. Abre los ojos a la verdad de quien tú eres.

La sombra que no se ve

Hace poco me decía una amiga que había identificado una tendencia a idealizar a los hombres que llegaban a su vida. “En el fondo busco que sean perfectos y luego terminan decepcionándome”, comentaba. Me puso a pensar. “No creo que busquemos la perfección al idealizar a la pareja”, le dije. “Idealizamos para no darnos cuenta del dolor que llevamos dentro”.

Ahora lo veo así. Al no ser conscientes de nuestra propia sombra, buscamos engancharnos con la idea de personajes que inventamos para que nos ayuden a alejarnos de lugares incómodos. Más que enamorarnos de quien es, nos enamoramos de quien queremos que sea: construímos la pareja perfecta para huir de nosotros mismos.

Claro, esto ocurre cuando algo duele tanto que la opción más factible es voltear y pretender que no pasa nada. Desconectamos de nuestra verdadera esencia, oímos cada vez menos nuestra voz interior y comenzamos a asignar atributos ad-hoc a nuestra historia: “nunca me va a dejar”, dice el adulto que aún llora la muerte o el abandono de sus padres; “me necesita tanto, ha sufrido mucho pero con mi amor va a cambiar”, piensa la esposa violentada que repite el patrón de heroína y mártir que aprendió en su infancia; “no puedo vivir sin ella”, dice el niño interior del adulto que tuvo una infancia de sobreprotección. La lista es larga.

Por eso es primordial que nos hagamos conscientes del dolor, de la ira, del miedo y la tristeza que llevamos dentro. Estas emociones no son malas, buscan habitarnos, somos su casa y requieren de nosotros un espacio para ser abrazadas amorosamente. Solo abriéndoles la puerta entrará la luz que nos dejará ver a estos invitados “incómodos” como REALMENTE son, no como queremos que sean. De esta manera, al idealizar a la pareja idealizamos también a las emociones incómodas, cerramos puertas, nos alejamos de aceptar lo que es y en última instancia nos perdemos de la oportunidad de conocernos a nosotros mismos.

A veces imagino al acto de florecer como el momento en el que la planta llega a conocerse a sí misma tan profundamente que no le queda más que mostrar su esencia con el mundo, así, floreciendo, compartiendo inevitablemente toda la luz que llegó a su interior.

Flores relacionadas: agrimony, black-eyed Susan.

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Idealizing our partner is more related with covering uncomfortable emotions than with the search for perfection. By not being conscious about our own shadow we seek for engaging with self-invented characters that we impose onto other humans. The aim of this is to unconsciously get away from our own pain, sadness, ire and any emotion that is difficult to bring out to surface as it has been confined into our most profound caves.

The greater the pain, the deeper the confinement. It is then more feasible to pretend the feelings are not there. Of course, with the help of the character we built, such endeavor is easier. “He is never going to leave me”, says the adult whom still cries the death or the abandonment of one of her parents; “he needs me so much, he’s been through lots of suffering and my love is going to change him”, thinks the wife who is repeating learned patterns from her martyr mother figure; “I can’t live without her”, murmurs the inner child of a man who was overprotected. The list continues endlessly.

This is why it is primordial for us to become conscious about the origin of the “bad” emotions that keep knocking at our doors. In fact, no emotion should be labeled as good or bad: they simply search for a space inside of us so that they can be embraced by our love. Only by opening up to all emotions will the light of consciousness allow us to see them as they REALLY are. It is then when we stop trying to replace pain for strength, sadness for joy and ire for peace. Instead, acceptance to what is occurs and we let go, magic happens and a true transformation takes place.

Idealizing our partner means idealizing the emotions we are unfamiliar with. By closing our doors to the uncomfortable we supress the chance to know our true essence.

Sometimes I imagine the act of flourishing as the moment when the plant gets to know herself so deeply that the only gesture she is capable of is to show her true essence with the world by inevitably sharing all the light she has let in.

That is the beauty we see in flowers.

Related flowers: agrimony, black-eyed Susan.

Cargar con tu propio peso

No existe televisión, botella de vino, rutina de ejercicio, postre favorito, fiesta con amigos, nuevos amantes, viajes constantes o búsqueda de horizontes fantásticos que logren alejarte de ti mismo.

No encontrarás zapatos, vestidos, corbatas, perfumes o automóviles que hagan que te veas diferente por dentro.

No hay meditación, terapia, abrazo, caminata en el bosque, ritual en un templo, evento de vida, decreto u oración que te eximan de cargar con tu propio peso.

A veces, sin darnos cuenta, buscamos llenar vacíos con la acumulación de bienes, actividades y hasta emociones que nos traigan el placer casi inmediato, como si hubiese una urgencia de mirar hacia otro lado, a cualquier lado, con tal de no ver en nuestro interior.

Paradójicamente, huir de nosotros mismos termina por hacer que nos encontremos, frente a frente, con nuestra mirada en el espejo. En ese momento se caen las máscaras y con éstas el mundo de cristal que veníamos cargando a cuestas; ese mundo impuesto por la falsa creencia de que la felicidad es la consecuencia natural de mirar siempre hacia afuera.

Así aceptamos las cosas como son, no como quisiéremos que fueran. Así empieza la paz interior y con ésta, las sonrisas desde adentro.

Dejo aquí la afirmación floral de Patricia Kaminsky acerca de la flor Agrimony (Agrimonia Eupatoria), que considero de gran ayuda para dar un vistazo en nuestro interior y no morir en el intento:

Reconozco y acepto mi dolor interno,
La Verdad me sana.
Permito que los demás vean quien soy Yo en verdad.
Mi luz brilla luminosa y transparente.”

Sacrificio y resurrección

Morir para volver a nacer. Volver a nacer para ascender al cielo. Ascender al cielo para regresar al lado del padre.

De manera muy simplificada, esto es lo que que el cristianismo celebra en la llamada semana santa a través de la historia de Jesús. No es mi intención entrar en un debate religioso ni criticar o validar las creencias de nadie con esta publicación. Sí es mi intención compartir una reflexión personal sobre la idea del sacrificio y la resurrección hablando sobre una de las flores de Bach que considero ideal para esta tarea: Rock Rose (Helianthemum nummularium).

El término sacrificio se ha confundido bastante con el de martirio. Quien se sacrifica lo hace con un poderoso motivo de trascendencia a través de la pérdida personal. Quien se martiriza se encierra en su propio dolor y por lo tanto se estanca en falsos motivos de trascendencia.

Todo comienza con el terrible dolor que nadie pide pero que llega muchas veces de manera súbita: la muerte de un hijo, de un padre o un hermano; una infidelidad, un divorcio, una violación, una golpiza; la pérdida de un trabajo, de una casa, de un negocio; desastres naturales, accidentes viales, enfermedades terminales… la lista es larga. En todos los casos el dolor arraza con la historia de una vida, paralizando así el alma de quien vive estos sucesos devastadores. El alma se paraliza ante la destrucción de lo creado, se pasma en el terror de aquello que nos revela que, de un momento a otro, podemos quedarnos sin nada, sin poder siquiera intentar cambiar lo ocurrido.

El sacrifico consiste en aceptar la situación y desde ahí dejar ir lo más valioso de tu propia historia: la idea que te habías forjado sobre ti mismo; es decir, sacrificarse es trascender la propia muerte (simbólica). Una madre que pierde a su hijo nunca más podrá volver a ser madre del hijo que se fue. Una separación amorosa anula la posibilidad de volver a vivir el amor a través de la persona que  antes se amó. Un accidente que genera la pérdida de un miembro transforma por completo la vida de quien lo padece. El terror de la inminente pérdida de uno mismo paraliza el alma.

La trascendencia como consecuencia del sacrificio solo se puede lograr a través de un elemento clave: el amor. De acuerdo a Jordi Canhellas,

el amor  es el principio cósmico de Rock Rose.

El Dr. Bach menciona al valor ante situaciones de terror como la propiedad principal de esta flor. Yo me inclino más por el amor como motor del sacrificio para trascender situaciones que paralizan el alma.

Nuevamente retomando el texto de Jordi Canhellas, habla así sobre esta flor: “Rock Rose, al aportar Valor a nuestras vidas, contribuye al Amor, atenuando nuestra separación con todo lo que provocaba nuestros miedos.” Esta flor, que con su color amarillo nos recuerda la fuerza solar, cuando está cerrada mira hacia abajo, pero cuando se abre se yergue hacia arriba , como un acto de ascención al sol, que es también el fuego y al padre.

Solo a través del amor logramos trascender la propia muerte, es decir, resucitar a una nueva realidad que se vive también con nuevos ojos y a través de los latidos de un nuevo corazón. Es así como la idea de resucitar para ascender hacia la fuente universal del amor le otorga un sentido de trascendencia al sacrificio. De acuerdo a la historia de Jesús, él aceptó con serenidad el dolor de su propio sacrificio para entregar su vida como un acto de amor. De esta manera, venció también los límites de la muerte para renacer y ascender.

Me gusta pensar que todos, de una u otra manera, somos capaces de resucitar de entre los muertos al abrir nuestra conciencia aceptando la realidad, al dejar ir versiones de nosotros mismos con las que no solo fuimos felices, sino que definieron nuestra perspectiva de la vida. Así pues, toda resiliencia es finalmente un acto de amor.

Cupido y el espejo

El disparo va directo a tu corazón.  Flotas en nubes y bailas entre flores. Todo fluye diferente. Te enamoras. Estás vivo. Experimentar esa sensación es un milagro y si es correspondida es aún más maravilloso.  Se dice que cuando Cupido dispara, la persona que ven tus ojos se convierte en la fuente de tu amor.

También dicen que el amor es ciego, pero yo creo que no. El miedo sí lo es. Por miedo a sufrir ponemos una venda en los ojos del amor. Te amo para que no me abandones. Te amo para que no me rechaces. Te amo para sentirme protegido. Te amo para sentirme aceptado. Te amo para que mi vida tenga sentido. Te amo para… la lista es interminable. El amor ciego justifica todo con tal de no enfrentar el dolor que causan las carencias emocionales.

Si te pierdes en el proceso de valorar a alguien (de manera desproporcionada) corres el riesgo de olvidarte de tu propio valor. Ama sin medida, pero con límites, dice Walter Riso. Es cierto, el amor no se mide (de aquí a la luna, por ejemplo), sino que se experimenta como consecuencia del respeto, la ternura, la honestidad, la amistad y el erotismo de las personas que se aman.

Lo cierto es que nadie es responsable de sanar tus carencias emocionales. Nadie, excepto tú mismo. El amor con los ojos abiertos acompaña en libertad, sin la intención de reparar nada en el otro. Si ese es tu objetivo, es posible que Cupido haya desperdiciado un disparo y tú te hayas puesto una venda.

Paradójicamente, el amor ciego se origina en la falta de amor a uno mismo. Así, buscamos en el otro aquello que no creemos encontrar en nuestro interior, pues no podemos entender que siempre ha estado ahí. Acéptate, quédate contigo, protégete, abrázate, encuentra el sentido de TU vida. Ámate. Abre los ojos al amor. Ámate, pero hazlo sin vendas en los ojos, pues el amor ciego hacia ti mismo (narcisismo) también terminará  causando daños.

Hace tiempo, leyendo el cómic de  la mujer maravilla (DC, The New 52, Vol. 4, 10), la siguiente escena me dejó un gran aprendizaje. La historia se sitúa en el contexto de la mitología griega. Diana (la mujer maravilla), en un acto de compasión, le hace un regalo a Hades, Dios del inframundo y personaje incapaz de sentir nada sino odio, rencor y amargura. El plan de Diana es disparar directo al corazón de Hades con la pistola de Cupido, una vez que éste hubiese abierto su obsequio: un espejo. Cierro esta publicación con la escena del cómic.

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Despierta, mi bien, despierta

La vida es una película y cada quien nace siendo protagonista de la suya. A veces, sin embargo, pasamos a ser actores secundarios.

─¡Pero claro que soy el protagonista de la película de mi vida!─ dirían algunos. Excepto cuando estoy obsesionado con que mi pareja cambie, con que mi jefe me tome en serio, con que mis hijos sean más agradecidos y que mis padres dejen de hacerme sentir culpable, por mencionar algunas escenas recurrentes. Al enfocar toda mi atención en los demás, los verdaderos protagonistas son ellos, no yo.

Es común confundir protagonismo con egoísmo, pero representan cosas muy diferentes. El egoísmo es una búsqueda voraz de la propia satisfacción mediante estímulos externos (lo motiva la soberbia); en cambio,  el protagonista desea encontrarse a sí mismo, caminando hacia su propio corazón (dirigido por el amor). El egoísmo aísla, el protagonismo dignifica.

Dice Carl Jung:

“Tu visión será clara solo cuando puedas mirar dentro de tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.”

Bajo esta analogía, el protagonista vive la realidad de su historia con los ojos bien abiertos, mientras que el egoísta está atrapado en el sueño del personaje secundario.

El protagonista también elige la responsabilidad sobre la culpa, la transformación sobre la comodidad, el valor sobre el pánico, la verdad sobre la mentira, la intuición sobre la desconexión, el perdón sobre el dolor. Por estas razones, puede ser aterrador para muchos vivir su película como protagónicos, pues significa que deberán llevar el peso de una historia que no siempre resulta agradable. Lo cierto es que la trama puede cambiar cuando el personaje principal decide enfrentar sus batallas.

Tal vez sea necesario despertar y mirar hacia adentro para darnos cuenta que además de actores principales, también podemos ser los directores de nuestra película.

 

El corazón de las tinieblas

Hace días apareció una publicación de mi amiga Tara, en facebook, donde expresaba su desacuerdo en cómo inician muchas relaciones de pareja. “No escondan sus defectos, tarde o temprano salen a la superficie”, decía. Leer esto me conectó con el concepto de la sombra, de la oscuridad, con el arquetipo de la máscara. Con la mentira.

Después me vino a la mente el libro de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, del cual comparto la siguiente frase:

“Hay un aire de muerte, una idea de mortalidad en la mentira que es de forma precisa lo que más odio y detesto en el mundo, lo que más me gustaría olvidar.”

Nuestra sombra vive en el corazón de las tinieblas, al cual visualizo como un cuarto oscuro, sin ventanas, con la puerta cerrada. En este cuarto vamos acumulando la furia, las decepciones, el rechazo, el miedo y todo aquello de lo que hemos querido deshacernos.

Resulta lógico, si yo no quiero a mi sombra, ¿quién más la va a querer? ¿Y quién me va a querer a mí con esta sombra? Hay miedo entonces a quedarnos solos, a que nos abandonen nuestra pareja, nuestros padres y en el caso más extremo, Dios (cualquiera que sea la representación que éste tenga en nuestras vidas).

Así, en nombre del amor, elegimos escondernos.

Huir de nuestra sombra nos desconecta de nosotros mismos, de nuestra humanidad, de nuestra intuición. Decía Edward Bach que la oscuridad se equilibra con luz. Es cuestión de abrir la puerta del cuarto oscuro, reconociendo, primero, que este cuarto existe.

Quitémonos la máscara dando un salto al vacío, que en el fondo del abismo hay luz. Quitémonos la máscara, no hay peligro, aquéllo de lo cual huímos solo pide que abramos la puerta. Quitémonos la máscara, frente al espejo, frente a frente con el ser de quien deseamos la más profunda aceptación, quien más nos pide amor. Sí, hablo de uno mismo, porque los demás, al final, son también nuestro reflejo.

Flores relacionadas: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, willow, crab apple, scarlett monkey flower.

 

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The other day I saw this facebook post on my friend Tara’s wall. She had it clear saying how pointless it was to pretend being someone else for the sake of being loved. “Your darkness will show up one way or the other, it’s a matter of time”.

Her words resonated deeply within me. Darkness, what is it? Why do we wear masks to be loved? Certainly, we all have learned how to hide what we don’t want to see about ourselves.

There is a place where we bury the rage, the sadness, the resentful memories, where we keep the hurtful past trapped, the fear, the panic, the absolute loneliness. That place is the very heart of darkness and our shadow lives there. I now believe we have learned to ignore this place because we want to be good, accepted by our loved ones, approved by our parents, by the universe, by God.

Thus, in the name of love, we hide.

For me, darkness is a room with doors all closed. Fortunately, there is also room for light, it is just a matter of opening doors. Nonetheless, light cannot enter into a room whose existence has not been acknowledged.

Maybe, it is by neglecting the darkness within us that we start the self-disconnection process, the self-lies, the self-sabotage, the walking with closed eyes: the loss of our intuition.

Neglecting our darkness is also neglecting our light and it ultimately prevents us from experiencing the miracle of self forgiveness.

Let us drop the mask and allow our imperfection be revealed. Let us drop the mask big time, jumping into the sacred abyss of our soul, for there is infinite light at the bottom. Let us drop the mask, all masks, in front of the mirror, because it is from ourselves, not from others, that we seek acceptance, that we ask for love. The world is, at the end, a reflection of ourselves, our mirror.

To finish this post, I will share a quote from Joseph Conrad’s Heart of Darkness:

“There is a taint of death, a flavour of mortality in lies – which is exactly what I hate and detest in the world – what I want to forget.”

Related flowers: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, crab apple, willow, scarlett monkey flower.