De corazones rotos

Las relaciones amorosas son oportunidades de la vida para conocernos mejor a nosotros mismos a través de ese espejo al que llamamos pareja. El autoconocimiento implica sumergirse en la vida, dejar de especular sobre teorías del amor perfecto y sin riesgos y abrir no solo el corazón, sino los ojos cuando decidimos sumergirnos en el océano de nuestras emociones.

El amor teórico, el perfecto, aquél en donde no se desatan batallas interiores ya está muerto, de entrada, en los estériles confines de la mente. El amor experimental, el que se arriesga a abrirse a un mundo de incertidumbres, de luz y oscuridad, de magia y desencanto, está vivo y busca dar sus flores en los bosques siempre verdes del corazón.

A veces, las historias de amor que inician, también acaban. Unas de manera paulatina. Otras de manera súbita. Todas duelen, aunque la mente se empeñe en negarlo buscando culpables o construyendo estructuras lógicas inmediatas sobre las cuales el ego se sienta seguro.

Lo cierto es que el corazón fue quien se atrevió a intentarlo y el corazón es indestructible: nadie puede romperlo, aunque en su momento parezca que sí. El ego se rompe, la mente es la que sufre. El corazón es ese templo que ofrece sus paredes infinitamente abiertas para que encuentres tu centro. Incluso cuando se siente sangrar, esa sangre indica vida que contiene el fuego alquímico que todo lo transforma.

Las condiciones óptimas en tu vida son las que ocurren en este momento. El “como debe de ser” es exactamente como está sucediendo. Desear que algo hubiera sido de otra manera es negar de la vida las joyas que te ha regalado para que te des cuenta de que viniste a amar para aprender a Amar.

La esencia floral de Bleeding Heart (Dicentra Formosa) de Flower Essence Services (FES), recomendada en casos de rupturas amorosas, contribuye a que el alma se expanda hacia la búsqueda del amor a uno mismo, que es también el amor a los otros y que en su más pura esencia es amor a la vida. Aquí comparto la afirmación floral de Patricia Kaminsky sobre esta flor en forma de corazón:

” Libero las ataduras emocionales que tengo con los demás.
Lleno mi corazón con la paz de la fuerza interior.
Irradio mi Amor a los demás como un regalo en libertad. “

La madre y la figura materna

A través de la relación con la madre conocemos el poder de lo femenino. Esta relación nos abre las puertas al mundo de las emociones, al sentir, al lenguaje del corazón.

La relación con la madre, sin embargo, no es lo mismo que la relación con la figura materna. La primera se vive desde la infancia con el ser que identificamos como proveedor de amor incondicional, sea o no nuestra madre biológica. La segunda se construye en nuestro interior a lo largo de nuestra vida para ayudarnos a seguir los anhelos de nuestro corazón.

Mientras que en la infancia y adolescencia la relación con la madre es crucial, en nuestra edad adulta, la conexión con la figura materna se vuelve primordial. Si ésta no ocurre en equilibrio, de manera inconsciente buscaremos compensar las carencias o excesos relacionados con lo femenino. Este desequilibrio se manifiesta muchas veces en el terreno amoroso, en el que identifico dos direcciones principales.

La primera tiene que ver con lo que yo necesito RECIBIR. Si proyecto en mi pareja mi necesidad de ser aceptado incondicionalmente, viviré mi relación desde un estado receptor (como un hijo). Esto termina generando frustración, pues los límites y necesidades expresados por mi pareja tienden a ser interpretados por mí como exigencias injustas. Peor aún, doy por sentado el amor de mi pareja, lo cual me previene de experimentar la belleza de dar. En este caso, como un bebé, busco recibir el cuidado y confort de mamá bajo la realidad infantil de que “no importa lo que yo haga, mi pareja (mamá) siempre estará a mi lado”.

La segunda dirección se refiere a lo que yo necesito DAR. Si yo proyecto en mi pareja mi necesidad de amar, entonces no seré capaz de fijar límites y respetarlos, pasando por alto actitudes tóxicas y situaciones insostenibles, preocupándome solo en cuidar que a mi pareja no le falte lo necesario para ser feliz, como lo haría una madre. Esto también genera frustración pues me prohibo merecer, me olvido de mí.

No es casualidad que las relaciones de codependencia se formen del desequilibrio que surge entre grandes dadores y grandes receptores.

Te invito a recordar cómo ha sido tu relación con tu madre ¿Ha habido rechazo, ausencia, abandono o carencia? o en el extremo opuesto ¿la viviste con sobreprotección, exceso, idolatría e incapacidad de poner límites? Ahora piensa desde qué lugar has vivido tus relaciones de pareja. No se trata de buscar tres pies al gato y tampoco es cuestión de que juzgues a mamá, sino de que reflexiones sobre qué tan equilibrada ha sido tu conexión con el amor incondicional, es decir, cómo has construido a la figura materna.

A mamá no puedes ni debes cambiarla, mucho menos te corresponde idealizarla o deshumanizarla. Ella hizo lo que pudo con lo que tuvo. Si tú eres madre sabrás de lo que estoy hablando. La mejor manera de agradecer y honrar su amor es siendo fiel a tu corazón. A quien sí puedes reconstruir, sin embargo, es a la figura materna, porque esa figura estará contigo mientras vivas y la forma que le des no depende de tu madre, sino de ti. Esa figura materna te permitirá vivir auténticamente tu propio lenguaje del corazón, que es también el de las emociones. Cuando intento describir en mi interior a la figura materna visualizo lo siguiente:

Un manto de estrellas que me cubre mientras duermo.

La tierra que me abraza en sus profundidades para que yo pueda florecer.

El agua de un río que fluye para llevar a su paso el dolor que aflige mi alma.

La luna que me habla en sueños para llevar luz a mi consciencia.

Los brazos de mi madre que al rodearme me hacen comprender que su amor no conoce condiciones.

La esencia floral de Mariposa Lilly (Calochortus leichtlinii), de Flower Essence Services (FES) cuya foto aparece en esta publicación, representa muy bien esa conexión con la figura materna. Comparto en estas líneas la hermosa afirmación que Patricia Kaminsky creó para esta flor:

“El manto divino de la madre universal me rodea.
me reconforto en su amoroso cuidado.
Yo soy parte de la familia humana
cobijada en una cuna de amor espiritual.”

Al contactar con la energía de ese amor incondicional, puedes también abrirte al mundo emocional, permitiéndote dar y recibir el verdadero amor de pareja, el único que puede estar conectado con el anhelo de tu corazón: el amor que viaja en ambas direcciones.

Flores relacionadas: chicory, centaury, splendid mariposa lilly.

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The power of the feminine is introduced to us by our mother or by the caregiver from whom we identify to be our source of unconditional love. This opens the doors to the world of emotions, to the magic of feelings, to the language of our hearts. The relationship with our mother, however, does not define how we relate with the feminine in our adulthood. Instead, it is our relationship with the mother figure which is responsible of that. Unlike our mother, our mother figure is continuously being built by each of us along our lives so that we can contact with the realm of emotions in a balanced manner.

It is during our love life where excesses or absences of unconditional love (relationship with mother figure) become manifested in situations where we are usually not aware.

For instance, if I need to RECEIVE because I relate with my mother figure from a place of absence, then I might tend to demand this from my partner, getting frustrated when she sets limits or expresses her own needs, which I interpret as unfair to me. This is mostly the way a child sees her mother. On the contrary, if I need to GIVE because I relate with my mother figure from a place of excess, then I might tend to overprotect my partner, getting frustrated as I (unconsciously) do not authentically allow myself to deserve being taken care of. It is easy to see why codependency relationships occur between big givers and big receivers.

I invite you to think about how your relationship with your mother has been. Has there been rejection, lack of acceptance, abandonment? Or have you lived this relationship from a place of excess of affection, idolatry and inability to set limits? Now think about how you have lived your love life. Is there any pattern that you identify? The aim of this reflection is not judging our mothers, as we have to understand that they did the best they could with what they have (as every human being). However, you can always try to assimilate whether your relationship with your mother has affected your relationship with your mother figure.

I like to imagine the concept of mother figure using the following analogies:

A mantle of stars which covers me while I sleep.

The earth that embraces me into her depths so I can flourish.

The water of a river flowing to wash away the pain of my soul.

The moon who talks to me in dreams to bring light to my consciousness.

The arms of my mothers that, when surrounding me, make me feel that I am loved with no conditions.

The flower essence of Mariposa Lilly (Calochortus leichtlinii) of Flower Essence Services (FES) represents beautifully this connection with mother figure. These are the lines written by Patricia Kaminsky for the affirmation of this flower:

” The healing mantle of the Divine Mother surrounds me.
I am nurtured with loving support.
I am a member of the Human Family,
protected in a cradle of Spiritual Love.”

By contacting with the energy of unconditional love, you can also open yourself to the world of emotions, allowing yourself to give and receive the love you deserve, the one connected with the beats of your heart: a love that pulsates in both directions.

Related flowers: chicory, centaury, splendid mariposa lilly.


Featured image by NoahElhardt (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)], via Wikimedia Commons

Cupido y el espejo

El disparo va directo a tu corazón.  Flotas en nubes y bailas entre flores. Todo fluye diferente. Te enamoras. Estás vivo. Experimentar esa sensación es un milagro y si es correspondida es aún más maravilloso.  Se dice que cuando Cupido dispara, la persona que ven tus ojos se convierte en la fuente de tu amor.

También dicen que el amor es ciego, pero yo creo que no. El miedo sí lo es. Por miedo a sufrir ponemos una venda en los ojos del amor. Te amo para que no me abandones. Te amo para que no me rechaces. Te amo para sentirme protegido. Te amo para sentirme aceptado. Te amo para que mi vida tenga sentido. Te amo para… la lista es interminable. El amor ciego justifica todo con tal de no enfrentar el dolor que causan las carencias emocionales.

Si te pierdes en el proceso de valorar a alguien (de manera desproporcionada) corres el riesgo de olvidarte de tu propio valor. Ama sin medida, pero con límites, dice Walter Riso. Es cierto, el amor no se mide (de aquí a la luna, por ejemplo), sino que se experimenta como consecuencia del respeto, la ternura, la honestidad, la amistad y el erotismo de las personas que se aman.

Lo cierto es que nadie es responsable de sanar tus carencias emocionales. Nadie, excepto tú mismo. El amor con los ojos abiertos acompaña en libertad, sin la intención de reparar nada en el otro. Si ese es tu objetivo, es posible que Cupido haya desperdiciado un disparo y tú te hayas puesto una venda.

Paradójicamente, el amor ciego se origina en la falta de amor a uno mismo. Así, buscamos en el otro aquello que no creemos encontrar en nuestro interior, pues no podemos entender que siempre ha estado ahí. Acéptate, quédate contigo, protégete, abrázate, encuentra el sentido de TU vida. Ámate. Abre los ojos al amor. Ámate, pero hazlo sin vendas en los ojos, pues el amor ciego hacia ti mismo (narcisismo) también terminará  causando daños.

Hace tiempo, leyendo el cómic de  la mujer maravilla (DC, The New 52, Vol. 4, 10), la siguiente escena me dejó un gran aprendizaje. La historia se sitúa en el contexto de la mitología griega. Diana (la mujer maravilla), en un acto de compasión, le hace un regalo a Hades, Dios del inframundo y personaje incapaz de sentir nada sino odio, rencor y amargura. El plan de Diana es disparar directo al corazón de Hades con la pistola de Cupido, una vez que éste hubiese abierto su obsequio: un espejo. Cierro esta publicación con la escena del cómic.

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Despierta, mi bien, despierta

La vida es una película y cada quien nace siendo protagonista de la suya. A veces, sin embargo, pasamos a ser actores secundarios.

─¡Pero claro que soy el protagonista de la película de mi vida!─ dirían algunos. Excepto cuando estoy obsesionado con que mi pareja cambie, con que mi jefe me tome en serio, con que mis hijos sean más agradecidos y que mis padres dejen de hacerme sentir culpable, por mencionar algunas escenas recurrentes. Al enfocar toda mi atención en los demás, los verdaderos protagonistas son ellos, no yo.

Es común confundir protagonismo con egoísmo, pero representan cosas muy diferentes. El egoísmo es una búsqueda voraz de la propia satisfacción mediante estímulos externos (lo motiva la soberbia); en cambio,  el protagonista desea encontrarse a sí mismo, caminando hacia su propio corazón (dirigido por el amor). El egoísmo aísla, el protagonismo dignifica.

Dice Carl Jung:

“Tu visión será clara solo cuando puedas mirar dentro de tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.”

Bajo esta analogía, el protagonista vive la realidad de su historia con los ojos bien abiertos, mientras que el egoísta está atrapado en el sueño del personaje secundario.

El protagonista también elige la responsabilidad sobre la culpa, la transformación sobre la comodidad, el valor sobre el pánico, la verdad sobre la mentira, la intuición sobre la desconexión, el perdón sobre el dolor. Por estas razones, puede ser aterrador para muchos vivir su película como protagónicos, pues significa que deberán llevar el peso de una historia que no siempre resulta agradable. Lo cierto es que la trama puede cambiar cuando el personaje principal decide enfrentar sus batallas.

Tal vez sea necesario despertar y mirar hacia adentro para darnos cuenta que además de actores principales, también podemos ser los directores de nuestra película.

 

La ilusión del vacío

Esta publicación la dedico a Beatrice, quien tomó la mano de Dante y rezó por él en su viaje al inframundo.


Días atrás discutía con mi amiga Milena sobre el amor. “Nadie da sin esperar nada a cambio, solo los masoquistas”, afirmaba ella. “Dar demasiado es una forma de agresión, ¿no crees?”. Totalmente de acuerdo. Lo que no está en equilibrio se desborda. Como un río alborotado, el amor en exceso también ahoga.

He llegado a la conclusión de que quien da todo “sin esperar nada a cambio” se engaña a sí mismo. Amar sin límites trae bajo la manga secretas intenciones.

Lo opuesto al amor es el miedo. Donde hay miedo, es muy probable encontrar culpa, estancamiento e incapacidad de perdonar. Dicen que quien lo da todo tiene miedo a la soledad, pero yo creo que el miedo está en mirar hacia adentro y descubrir el vacío interior. Este vacío nos conecta con la urgente necesidad de llenarlo, paradójicamente, a través del afecto de otros. Como consecuencia, si no nos dan amor, nos sentimos vacíos.

Muchas historias de amor actuales se viven en un ciclo de codependencia:

Lo doy todo ➞ sufro al no sentir reciprocidad ➞ no obtengo suficiente del amor del otro ➞ busco amor dentro de mí  ➞ descubro el vacío interior ➞ me siento poco valioso y entonces debo alimentar la idea de que soy bueno ➞ comienzo de nuevo sacrificando todo en nombre del amor miedo.

El vacío interior es una ilusión que decidimos creer porque nos refuerza nuestro propia valía mediante la siguiente idea: “si soy bueno, soy valioso”. La ilusión del vacío  interior nos obliga a mirar siempre hacia afuera para encontrar la validación que nos negamos a nosotros mismos. Al amar demasiado, irónicamente, terminamos desconectados del Amor.

Quien ama detrás de la ilusión del vacío:

  • Entrega sin realmente pensar en el otro.
  • Se jacta de saber lo que es mejor para el otro y en consecuencia, siempre tiene algo que corregir.
  • Se toma las cosas de manera personal (¿cómo es posible que me trate así después de todo lo que le he dado?).
  • Hace todo para retener al ser amado (no confía en la libertad).
  • Estalla en drama si no le demuestran reciprocidad.
  • Controla a través de la bondad y la protección.
  • Manipula a través de la culpa.
  • Se preocupa demasiado por el bienestar del ser amado.
  • No conoce límites, es ciego, se aferra al para siempre.
  • Prefiere completar más que complementar al otro.
  • Termina viviendo del pasado.

Puede resultar terrible, pero así es como muchos hemos experimentado el amor. No nos damos cuenta del exceso: quien ama bajo la ilusión del vacío interior no es consciente del círculo en el que puede caer. Insisto en explicar a mis consultantes que la vibración de las esencias florales nos ayuda a hacernos conscientes de lo que ni siquiera imaginábamos que existía. A través de esta apertura de consciencia dejamos de ser víctimas.

Ahora bien, yo sí creo que es posible dar amar sin esperar nada a cambio. Yo sí creo en el amor basado en el miedo la libertad. Esta perspectiva se la debo a una flor del sistema del Dr. Edward Bach, Chicory (Chicorium Intybus). Ella me ha ensañado que el amor se vive desde la libertad. Sobre esta flor, afirma atinadamente el Dr. Ricardo Orozco, en su libro “Flores de Bach: 38 descripciones dinámicas” que:

La lección de Chicory es el amor.

Quien ama en libertad (de acuerdo a Chicory):

  • Vive en el presente, confía en la vida y en el gozo de su propia existencia.
  • Reconoce su luz interior (en lugar del vacío) como su fuente de nutrición.
  • Al ser capaz de amarse a sí mismo, también acepta al otro tal y como es, respetando espacios, decisiones y caminos de vida.
  • No quiere ser la otra mitad, no busca completar ni ser completado: acompaña.
  • Es capaz de ver con los ojos del alma, no es ciego y por ello sabe cuándo dejar ir.
  • No juega a ser Dios, es humilde, reconoce sus propios límites y los respeta.
  • Se adapta, fluye se disuelve en el tiempo.
  • No se esconde, se muestra como es.
  • Cree en la unidad y en el infinito: su amor se dirige en todas direcciones.

La fotografía de esta publicación la tomé hace una semana en Taos, Nuevo México. La verdad es que estuve a punto de llorar al ver a Chicory en un terreno cerca de un estacionamiento. Iba con unos amigos y los hice parar el auto casi con un grito. Al bajar,  presencié un espectáculo hermoso: cientos de Chicory rodeadas de abejas, mariposas, hormigas y en ese momento, hasta yo me sentí bajo la influencia de su poder de atracción.

La flor es pequeña, sencilla y al abrirse parece extender sus pétalos, que son como manitas abiertas, en todas direcciones. Su mensaje, claramente, es soltar apegos, olvidar el control, reconocer la luz interior y compartirla con el universo. El tallo de Chicory está hueco, pero ella es sabia, pues en su lección aprendió que el vacío interior es solo una ilusión. Bajo ese aprendizaje, su flor se ofrece como el más puro homenaje al amor. De todas las flores de Bach, cuando se hace la tintura a través de la solarización, Chicory es la única que deja ir incluso su color azul en el agua, como su último acto de amor.

Termino este texto con unas líneas de “All is full of love” de Björk, una canción que, a mi parecer, representa fielmente a mi querida Chicory  y a su difícil lección. La traduzco así:

Mira a tu alradedor, te está rodeando…
Todo está lleno de amor, todo a tu alrededor.
Todo está lleno de amor, pero tú no lo recibes.
Todo está lleno de amor, pero tu teléfono está descolgado.
Todo está lleno de amor, pero tu puerta está cerrada.

Deja ir todo

Hace unos días que la idea de mantener solo lo esencial lleva dando vueltas por mi cabeza. Todo empezó con un chico brasileño, João, a quien conocí en un curso de certificación en imágenes electrofotónicas en Nuevo México. Durante la comida, me dijo que una frase de su madre era “Tudo demais, é muito”, que en español se traduce en algo así como “Todo lo que sobra, es mucho”. Esta conversación hizo que surgiera la pregunta: ¿Qué es esencial?.

Más tarde – y no creo ya en coincidencias – apareció en el muro de facebook de un amigo la siguiente frase:

“Deja ir todo. Observa lo que se queda.”

Ahí sentí que mi pregunta estaba siendo contestada. Dejar ir es necesario para conocer lo que fluye en libertad, lo que es verdad, la expresión primaria de la voluntad. Con este acto viene la exploración inherente de aquello que se queda, lo que no se va, lo que se manifiesta libre y desde esa libertad permanece. Dejar ir significa aceptar, vivir en el presente: fluir con el campo de potencialidad.

Aquello que permanece en el acto de soltar es pues, lo esencial.

Muchos líderes espirituales, filósofos contemporáneos, sanadores holísticos y buscadores de la verdad coinciden en que vivir en el presente es en sí un estado de iluminación. Yo creo que quien lo deja ir todo experimenta la aceptación más profunda, pues es capaz de reconocer lo esencial y así también sus propias alas.

 

Lola mirando hacia adentro

Esta es Lola. La vi solamente un par de veces. Cuando nos conocimos, supe que la estaba pasando mal. Luego me enteré la causa: divorcio. En esos días yo estaba felizmente casado y ni siquiera imaginaba lo difícil que podría resultar una separación definitiva. La vida, sin embargo, me tenía reservada una de las lecciones más difíciles y así, de manera inesperada, la lección se presentó sin dar tiempo a nada. De la noche a la mañana me encontré a mí mismo caminando en los zapatos de Lola. Fue entonces cuando supe de qué estaba hecho, de qué estamos hechos todos: de energía y conciencia. Este principio básico de la física cuántica nunca había resonar en mí hasta entonces. Aquí comenzó mi transformación interior y decidí mirar hacia adentro para encontrar las respuestas que siempre había buscado afuera.

Así como Lola, abrí mis ojos y miré hacia adentro. Pude ver el mar y el cielo y sentir cómo se funden en el infinito.

Pero no estaba solo: había flores en el camino.

Esa fue la primera vez que escuché el sonido de una crisálida cuando comienza a abrirse.