Void and flower . El vacío y la flor

Hablamos de la muerte con cierto recato, como si no quisiéremos que nos escuchara mencionarla. Hemos aprendido que morir debe ser causa de sufrimiento.

El miedo, el dolor y la desesperanza provienen de la idea de la muerte como un vacío total. Esta idea emana de la mente que se aferra a separarnos de todo lo que existe. La mente dice “si muero, desaparezco”.

Tal vez la muerte es solo un espacio para la paz, un espacio vacío que acepta la luz, que abraza a la vida que nace a cada instante. Así, el espíritu afirma amoroso ante la mente “no muero, me disuelvo en Unidad”.

Quizás todas esas lágrimas, dolor, sufrimiento, culpa y frustación por lo no expresado, por lo no amado, son maneras en las que la vida nos da ojos para ver que dentro de la

oscura,
fría y
callada tierra

también se gesta la vida,
se rompe la semilla,
se abre el espacio para que
la flor inicie su viaje de regreso.

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We talk about death with a certain modesty, as if we do not want to be heard that we mention her. We have learned that dying must be a cause of suffering.

Fear, pain and hopelessness come from the idea of death as a total emptiness. This idea emanates from the mind that clings to separating us from everything that exists. The mind says “if I die, I disappear”.

Perhaps death is only a space for peace, an empty space that accepts the light, which embraces the life that is born at every moment. Thus, the spirit affirms before the mind, lovingly “I do not die, I dissolve in Unity”.

Perhaps all those tears, pain, suffering, guilt and frustration for the unexpressed, are ways in which life gives us eyes to see that within the

dark,
cold and
silent earth

Also the flowing life is gestated,
the seed is broken,
the space is opened so that
the flower begins its return journey.

 

 

The protector of the sanctuary . El protector del santuario

Hace tiempo una excelente sicóloga y amiga, Alia Esquivel Salmán, me describió los tres conceptos fundamentales en la teoría del psicoanálisis con la que Sigmund Freud intentó explicar el funcionamiento psíquico humano: el Ello, el Yo y el Superyó. Para explicarlo con mis propias palabras utilizaré la siguiente analogía. Imagina que dentro de ti existen  un bebé que solo quiere jugar (Ello) y un adulto que solo sabe seguir reglas (Superyó). Cada vez que surge un conflicto entre éstos aparece el Yo a hacerla de mediador. El Yo tiene el objetivo de sacar el mayor placer posible de la experiencia, siempre reconociendo la existencia e importancia de tan peculiar par de personajes. ¡Qué difícil tarea la de lidiar con los berrinches del bebé y las reglas del adulto!

Imagina también que el Yo puede acudir a un lugar sagrado, a un espacio de tranquilidad, paz y armonía. En ese lugar accede a la sabiduría universal: la intuición, la voluntad, el desapego, la compasión, la humildad, la verdad, la ecuanimidad y todo aquello que le guíe en su tarea de mediador. Sin ese santuario el Yo terminaría por volverse loco, incluso llegando a ignorar a cualquiera de los dos personajes y es ahí donde empieza el daño.

La esencia floral de Echinacea (Echinacea Purpurea) del sistema FES es un poderoso restaurador de los santuarios profanados. Aún recuerdo la primera vez que mis manos sintieron la flor, su núcleo a la vez firme y flexible, como de plástico, se adaptaba a la fuerza externas de mis dedos y regresaba a su forma original cuando la presión ejercida cesaba. Alrededor de éste, las pequeñas espinas cuasi doradas daban la impresión de estar a la defensiva pero resultaban agradables al tacto, regalándole un masaje a las yemas de mis dedos. Creo que la integridad del ser humano es así como el núcleo de la flor de Echinacea; entera y coherente, fuerte pero flexible, una defensa sólida sin resultar agresiva: entereza pura. Los pétalos de la flor, de un delicado tono purpúreo, caían como la cúpula de un templo, remontándome a la idea de un verdadero santuario floral.

Araceli Cepeda, querida amiga también sicóloga y sintonizadora floral del sistema de flores mexicanas Florara, compartió conmigo hace tiempo que la esencia floral de Echinacea ayuda a fortalecer al protector del santuario: el Yo. La fuerza interior proviene de la capacidad de discernir lo que es mío de aquello que no lo es. Abro la puerta al santuario pero decido cabalmente quién entra en éste: lo protejo porque respeto y reconozco su valor, que es el valor de tomar decisiones que me lleven a una vida más plena. El resultado de un Yo fortalecido es un ser humano íntegro, coherente y equilibrado, como un sistema inmune saludable, el cual se relaciona también con las propiedades medicinales de la planta y las propiedades energéticas (vibraciones) de la esencia floral.

Y tú ¿Cuántas veces has perdido tu integridad? ¿te has roto en pedacitos por intentar mantener enteros a otros? ¿has sufrido abusos físicos y sicológicos sin poder reparar tu dignidad? ¿has descuidado tu santuario buscando la aceptación de los demás? ¿cuántas veces has ignorado los deseos del bebé en nombre del sacrificio? ¿y cuántas más has pasado por alto las reglas del adulto en nombre del placer inmediato?

Quiero terminar esta publicación con la afirmación floral de Echinacea, escrita en inglés por Patricia Kaminsky, cofundadora de la Sociedad de Esencias Florales y maestra floral a quien guardo un profundo respeto y agradecimiento.

Me mantengo fuerte desde adentro.
Enfrento la adversidad con mi fuerza interior.
Mi núcleo interno es sacrosanto.
Yo Soy este ser de luz.

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Time ago, psychologist and friend Alia Esquivel Salmán explained to me the three fundamental concepts in psychoanalysis theory that Sigmund Fred used to describe how the human psyche works: Id, Ego and Superego. I find it easy to understand these concepts using the following analogy: imagine there are three people inside of you,

1) a baby who only wants to play and easily get frustrated when not immediately pleased (Id),

2) an adult who only knows how to follow rules (Superego, can be a bit too uptight sometimes) and

3) Ego, the being who tries to mediate between the other two, keeping both happy in spite of their very different nature. That is surely a hard work, i.e., to reconcile instinct and desire with rules and judgement.

Imagine now that Ego has a special place to go to ask for advice to some divine masters, a sanctuary where there is peace and silence in times of hard decisions. I think of the divine masters as highly vibrational energies such as love, equanimity, truth, courage, freedom, faith, etc. Once the advice has been provided, Ego can come back to negotiate with Id and Superego in order to get the best from the experience.

The flower essence of Echinacea (Echinacea Purpurea) by the Flower Essence Society is a powerful restorer of profaned sanctuaries. I still remember the first time my hands felt the nucleus of its flower, which was strong and flexible, like plastic, nicely adapting to the external pressure applied by my finger tips. I really liked seeing how it deformed to immediately come back to its original shape, as a gesture of integrity and wholeness. The impulse to aggressively protect a sanctuary relates more with fear and insecurity than with strength and faith. This connects with the idea of the flower essence of Echinacea also being of benefit in immune system disorders, i.e., it is desired that integrity and coherence should prevail over aggressiveness and paranoia.

My friend Araceli Cepeda, who happens to also be a psychologist and flower essence synthesiser of the Mexican system Florara, shared with me her insights about Echinacea: it is a great essence for strengthening Ego (but Freudian Ego, not the common self-aggrandisement related meaning of the ego). At the end of the day, a healthy Ego is a key ingredient for a coherent, equilibrated and fulfilled life. The consequence of a weakened Ego are lack of understanding limits, risking dignity, ignoring assertiveness and ultimately letting external forces control our lives.

I would like to finish this post with the flower affirmation of Echinacea, by Patricia Kaminsky, co-founder of the Flower Essence Society and one of the most influential teachers I have had the pleasure to learn from:

I stand strong within my Self.
I meet adversity with inner strength.
My core Self is Sacrosanct.
I am this luminous Self.


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