Tu propio espejo

La ausencia es el espejo del pasado. Ese espejo nos presenta lo que ya no está. Ausencia es también sinónimo de carencia. El ser humano es especialista en huir de aquello que le recuerda sus espacios vacíos, lo interpreta como peligro y hace todo para que ese vacío no se revele ante sus ojos.

Si el espejo lo usamos para ver el rostro del pasado nunca aceptaremos la presencia de quienes somos ahora. Esa presencia es perfecta y única a pesar de las carencias que nuestro ego se empeña en maquillar.

Aceptar la ausencia es el primer paso para transformarla en presencia. Abrir los ojos a la carencia nos enviste del fuego necesario para manifestar la abundancia.

Si te han abandonado, si tus padres no estuvieron en tu vida, si tu pareja se marchó, no luches contra esa ausencia. Acéptala: no te abandones a ti mismo.

Si ha muerto un ser amado, no cierres más los ojos. Ábrelos. Así saldrán más lágrimas que aclararán tu horizonte. No huyas de tus emociones. Acepta la ausencia: no seas tú quien muera.

Si has perdido el honor y la credibilidad, levántate sobre tus sueños, encuentra la llama, defiende tu pasión. Levántate sobre las voces que te dicen que no eres suficiente. Acepta el fracaso: recupera la fe en ti mismo.

El pasado es como una onda senoidal que nos muestra el constante devenir entre la luz y la oscuridad.

Lo que hace falta en tu vida eres tú. No tengas miedo de tus colores, reconoce la forma de tus pétalos y el aroma que emana tu presencia amorosa. Nadie más puede aportar al mundo lo que tú aportas.

Utiliza el espejo del presente para ver el reflejo de tu luz. Abre los ojos a la verdad de quien tú eres.

Sabe la flor que es flor

Sabe la flor que es flor cuando confía en que al abrirse al universo se abre también el cielo ante sus ojos de polen y semilla. Conoce su carácter vulnerable y no se cuenta a sí misma historias de muerte y de fracaso, segura está que su paso por la vida es poema que cantan las abejas a la luna y el sol tatúa en las alas de las mariposas.

Sabe la flor que es flor cuando está lista para ser color y gota de rocío, para hablar con la mantis y el volcán y sentir en su rostro perfumado la mirada de amor del colibrí.

Se sabe flor y da la bienvenida a la tormenta y a la calma después del huracán. Se nutre de lo oscuro de la tierra y lo transforma en luz al despertar. No lucha siendo flor, se integra y viaja en cada pétalo que el viento le reclama y en la semilla que decide regresar.

Confía la flor y es flor porque confía en que el camino aparece al caminar.

Un salto de fe

Mi consultante Alma ha estado tomando flores durante unos tres meses. Ayer me dijo que quería compartir conmigo uno de esos momentos en donde llega un pensamiento que parece diseñado para iluminar un cuarto oscuro. Sí, se dio cuenta de algo trascendente en su proceso y estaba emocionada.

Así es como funcionan las flores: el patrón de vibración de éstas entra en contacto con el campo energético del cuerpo humano, como en la analogía siguiente: la idea aparece, de manera honesta, espontánea, pura, así como cuando la flor se abre. En ese momento nos damos cuenta de las cosas, nos hacemos conscientes de lo que es.

Esto es lo que dijo Alma: “Me da miedo tener abundancia en todos los sentidos… y no sé cómo frenar esto, cómo romper con esto. No sé cómo aceptar todo lo bueno que el universo tiene para mí, pareciera que siempre le estoy huyendo. Es como si no creyera que está disponible para mí.” Alma estaba abriendo la puerta a una de las lecciones más hermosas de las flores de Bach,

La lección de Gentian: fe.

Hace meses, cuando comenzó la terapia floral, reconoció que había sentimientos no resueltos de rencor, los cuales estaban con ella desde hace bastante tiempo. También identificó momentos de apatía generalizada hacia ciertas situaciones, con frases como “Las cosas no van a cambiar, ¿para qué me molesto en hacer algo?”. Aquí quiero hacer un paréntesis para reflexionar entre la delgada línea entre resignación y aceptación. Si me resigno, dejo el poder de mi vida a las circunstancias (me muestro apático); si acepto, veo las cosas como son y tomo cartas en el asunto. Para estos bloqueos energéticos, su fórmula estuvo preparada con Willow (para el resentimiento) y Wild Rose (para la resignación).

Tengo que reconocer que, desde la primera sesión con Alma, intuí que Gentian iba a aparecer en algún momento, aún si no era evidente en un principio. Y así fue, con su mensaje de ayer y su “darse cuenta”, contactó con su necesidad de conectar con la abundancia. Estos momentos son los más bellos en la terapia floral, y es que a través de la apertura de consciencia se hace posible la verdadera transformación.

El proceso de Alma me ha hecho reflexionar sobre la fe. ¿Qué es?¿De dónde proviene? Creo que una manera de reconectar con la fe perdida es a través de la aceptación (retomo la esperanza, Wild Rose) y del perdón (suelto la pesada carga que me ancla al destino, Willow).

Esto es lo que el Dr. Edward Bach dijo de Gentian:

“Para quienes se desaniman con facilidad. Pueden estar progresando en la enfermedad, o en los asuntos de su vida diaria, pero cualquier retraso o interferencia en el progreso les causa duda y los desalienta.”

En la terapia floral, Gentian es para el pesimista, es decir, aquél que no quiere intentarlo de nuevo por miedo a volverse a encontrar con obstáculos en el camino. En mi práctica, he encontrado que el pesimismo tiene muchísimos matices y a veces no aparecen como evidentes. Sin embargo, todos esos matices tienen algo en común: la falta de fe, o la verdad autoimpuesta de que la abundancia no está disponible para uno mismo. Esto hace que los pensamientos de las personas tiendan a la negatividad, a esperar lo malo, pues en el fondo no creen que lo bueno esté a su alcance. En consecuencia, su mismo subconsciente pide a la vida que refuerce esta idea de fatalidad, para así justificar la creencia de que es mejor no intentarlo de nuevo.

La imagen que acompaña a esta publicación muestra un par de fotos y una ilustración de Gentian. Si ponemos atención en el gesto de la flor, podemos ver cómo parece dirigir su mirada hacia arriba, reconociendo así todo lo que está disponible para ella. Al abrir los brazos y dirigirlos hacia el cielo, no solo pide, sino que se sabe lista para recibir, pues su elongado cáliz abraza todo aquello que llega. Me encanta el gesto de Gentian, como una oración de felicidad elevada al cielo, al universo, confiando en la riqueza infinita de la cual ella también se sabe partícipe.

Como término, la fe se encuentra comúnmente ligada a la religiosidad, por ejemplo, creer en algo que no se experimenta con los sentidos o que no puede ser probado por la ciencia. No me encuentro de acuerdo con nada que implique creer “ciegamente” en algo, ya que ello implica no participar activamente de la experiencia. En este sentido, mi punto de vista personal es que la fe proviene de un proceso de comprensión.

Para cerrar esta publicación, dejo una lista de conclusiones al respecto:

  • Fe, es comprender que detrás de cada obstáculo hay una oportunidad para crecer.
  • Fe, es comprender que toda oportunidad de trascender no es derecho de unos cuantos, sino que está disponible para todos.
  • Finalmente, fe es comprender que la evolución es nuestro derecho divino.

Lola mirando hacia adentro

Esta es Lola. La vi solamente un par de veces. Cuando nos conocimos, supe que la estaba pasando mal. Luego me enteré la causa: divorcio. En esos días yo estaba felizmente casado y ni siquiera imaginaba lo difícil que podría resultar una separación definitiva. La vida, sin embargo, me tenía reservada una de las lecciones más difíciles y así, de manera inesperada, la lección se presentó sin dar tiempo a nada. De la noche a la mañana me encontré a mí mismo caminando en los zapatos de Lola. Fue entonces cuando supe de qué estaba hecho, de qué estamos hechos todos: de energía y conciencia. Este principio básico de la física cuántica nunca había resonar en mí hasta entonces. Aquí comenzó mi transformación interior y decidí mirar hacia adentro para encontrar las respuestas que siempre había buscado afuera.

Así como Lola, abrí mis ojos y miré hacia adentro. Pude ver el mar y el cielo y sentir cómo se funden en el infinito.

Pero no estaba solo: había flores en el camino.

Esa fue la primera vez que escuché el sonido de una crisálida cuando comienza a abrirse.