The illusion of emptiness . La ilusión del vacío

Esta publicación la dedico a Beatrice, quien tomó la mano de Dante y rezó por él en su viaje al inframundo.


Días atrás discutía con mi amiga Milena sobre el amor. “Nadie da sin esperar nada a cambio, solo los masoquistas”, afirmaba ella. “Dar demasiado es una forma de agresión, ¿no crees?”. Totalmente de acuerdo. Lo que no está en equilibrio se desborda. Como un río alborotado, el amor en exceso también ahoga.

He llegado a la conclusión de que quien da todo “sin esperar nada a cambio” se engaña a sí mismo. Amar sin límites trae bajo la manga secretas intenciones.

Lo opuesto al amor es el miedo. Donde hay miedo, es muy probable encontrar culpa, estancamiento e incapacidad de perdonar. Dicen que quien lo da todo tiene miedo a la soledad, pero yo creo que el miedo está en mirar hacia adentro y descubrir el vacío interior. Este vacío nos conecta con la urgente necesidad de llenarlo, paradójicamente, a través del afecto de otros. Como consecuencia, si no nos dan amor, nos sentimos vacíos.

Muchas historias de amor actuales se viven en un ciclo de codependencia:

Lo doy todo ➞ sufro al no sentir reciprocidad ➞ no obtengo suficiente del amor del otro ➞ busco amor dentro de mí  ➞ descubro el vacío interior ➞ me siento poco valioso y entonces debo alimentar la idea de que soy bueno ➞ comienzo de nuevo sacrificando todo en nombre del amor miedo.

El vacío interior es una ilusión que decidimos creer porque nos refuerza nuestro propia valía mediante la siguiente idea: “si soy bueno, soy valioso”. La ilusión del vacío  interior nos obliga a mirar siempre hacia afuera para encontrar la validación que nos negamos a nosotros mismos. Al amar demasiado, irónicamente, terminamos desconectados del Amor.

Quien ama detrás de la ilusión del vacío:

  • Entrega sin realmente pensar en el otro.
  • Se jacta de saber lo que es mejor para el otro y en consecuencia, siempre tiene algo que corregir.
  • Se toma las cosas de manera personal (¿cómo es posible que me trate así después de todo lo que le he dado?).
  • Hace todo para retener al ser amado (no confía en la libertad).
  • Estalla en drama si no le demuestran reciprocidad.
  • Controla a través de la bondad y la protección.
  • Manipula a través de la culpa.
  • Se preocupa demasiado por el bienestar del ser amado.
  • No conoce límites, es ciego, se aferra al para siempre.
  • Prefiere completar más que complementar al otro.
  • Termina viviendo del pasado.


Puede resultar terrible, pero así es como muchos hemos experimentado el amor. No nos damos cuenta del exceso: quien ama bajo la ilusión del vacío interior no es consciente del círculo en el que puede caer. Insisto en explicar a mis consultantes que la vibración de las esencias florales nos ayuda a hacernos conscientes de lo que ni siquiera imaginábamos que existía. A través de esta apertura de consciencia dejamos de ser víctimas.

Ahora bien, yo sí creo que es posible dar amar sin esperar nada a cambio. Yo sí creo en el amor basado en el miedo la libertad. Esta perspectiva se la debo a una flor del sistema del Dr. Edward Bach, Chicory (Chicorium Intybus). Ella me ha ensañado que el amor se vive desde la libertad. Sobre esta flor, afirma atinadamente el Dr. Ricardo Orozco, en su libro “Flores de Bach: 38 descripciones dinámicas” que:

La lección de Chicory es el amor.

Quien ama en libertad (de acuerdo a Chicory):

  • Vive en el presente, confía en la vida y en el gozo de su propia existencia.
  • Reconoce su luz interior (en lugar del vacío) como su fuente de nutrición.
  • Al ser capaz de amarse a sí mismo, también acepta al otro tal y como es, respetando espacios, decisiones y caminos de vida.
  • No quiere ser la otra mitad, no busca completar ni ser completado: acompaña.
  • Es capaz de ver con los ojos del alma, no es ciego y por ello sabe cuándo dejar ir.
  • No juega a ser Dios, es humilde, reconoce sus propios límites y los respeta.
  • Se adapta, fluye se disuelve en el tiempo.
  • No se esconde, se muestra como es.
  • Cree en la unidad y en el infinito: su amor se dirige en todas direcciones.


La fotografía de esta publicación la tomé hace una semana en Taos, Nuevo México. La verdad es que estuve a punto de llorar al ver a Chicory en un terreno cerca de un estacionamiento. Iba con unos amigos y los hice parar el auto casi con un grito. Al bajar,  presencié un espectáculo hermoso: cientos de Chicory rodeadas de abejas, mariposas, hormigas y en ese momento, hasta yo me sentí bajo la influencia de su poder de atracción.

La flor es pequeña, sencilla y al abrirse parece extender sus pétalos, que son como manitas abiertas, en todas direcciones. Su mensaje, claramente, es soltar apegos, olvidar el control, reconocer la luz interior y compartirla con el universo. El tallo de Chicory está hueco, pero ella es sabia, pues en su lección aprendió que el vacío interior es solo una ilusión. Bajo ese aprendizaje, su flor se ofrece como el más puro homenaje al amor. De todas las flores de Bach, cuando se hace la tintura a través de la solarización, Chicory es la única que deja ir incluso su color azul en el agua, como su último acto de amor.

Termino este texto con unas líneas de “All is full of love” de Björk, una canción que, a mi parecer, representa fielmente a mi querida Chicory  y a su difícil lección. La traduzco así:

Mira a tu alradedor, te está rodeando…
Todo está lleno de amor, todo a tu alrededor.
Todo está lleno de amor, pero tú no lo recibes.
Todo está lleno de amor, pero tu teléfono está descolgado.
Todo está lleno de amor, pero tu puerta está cerrada.

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This post is dedicated to Beatrice, who prayed for Dante during his trip to hell.


Days ago I was talking about love with my friend Milena. “Nobody gives without expecting anything in return, that’d be some sort of masochism”, she affirmed. “Imagine, too much giving is even an aggressive act, dont you think?”. I agreed with her, of course. Too much love tends to suffocate the space of the other. I now believe that someone who gives it all “without expecting anything in return” is self-lying. Love without limits comes with a secret agenda.

The opposite of love is fear. Where there’s fear, then guilt, stagnation and inability to forgive are very likely to be found. I’ve heard that a person who loves too much is afraid of loneliness, but I think that the underlying fear is driven by the possibility of acknowledging inner emptiness. By realizing we’re empty inside, we panic and immediately look for nurturing sources: we look for love to fill our empty room.

Many love stories are lived and relived in circles of codependency under the illusion of emptiness. Think about this:

I love you, I give you all ➞ I suffer if I do not get reciprocity ➞ I do  not get enough love from you ➞ I therefore look for love inside me ➞ I discover my inner emptiness ➞ as I contact with worthlessness, I need to become good to reinforce my own worth ➞ I start again, sacrificing it all, because I can’t be bad, in the name of love fear.

Inner emptiness is an illusion that we decide to believe because we panic. We’re all connected to the main source of love, it is our birthright and yes, it is inside us. There’s no danger to look within. The nourishment we seek comes from our center of light. Acknowledging this center means recognising our self worth. Paradoxically, this is a huge step specially for those who believe they are equipped with the most loving hearts.

Those who love under the illusion of emptiness:

  • Give all but do not (actually) think of the needs of others.
  • Claim to know what’s best for the loved ones and they relentlessly try  to correct them.
  • Take things personal (how could you do this to me after all I’ve done for you?).
  • Do all they can to retain the other (they feel threatened by free will).
  • Make a big drama when they do not get reciprocity.
  • Control others by being caring and protective.
  • Manipulate through guilt.
  • Know no limits, say love is blind and hold on to the word “forever”.
  • Prefer to complete rather than complement others.
  • May end up living in the past when they are finally left.


Despite the above list, I have learned that it is possible to give love without expecting anything in return. This kind of love honores freedom. I owe this learning to Chicory (Chicorium Intybus), one of the twelve healers of Dr. Edward Bach, who teaches one of the toughest lessons:

The lesson of Chicory: love.

Those who love in freedom:

  • Live in the present, trust the processes of life and rejoice in every experience.
  • Recognise their inner light (instead of emptiness) from which they find endless nourishment.
  • Are able to love themselves and so they accept others as they are.
  • Do not seek to be “other halves”, but offer companionship.
  • See with the eyes of their soul, do not know blindness and let go when it is necessary.
  • Do not play God, acknowledge and respect their own limitations.
  • Adapt, flow, dissolve in time.
  • Do not hide, show themselves as they truly are.
  • Believe in unity and infinity: their love is spread in all directions.


The featured image of this post was shot a week ago in Taos, New Mexico. I suddenly saw lots of Chicory while I was on a car trip with my friends. I quickly asked them to stop and there I was, in front of a beautiful scene: hundreds of Chicory surrounded by bees, butterflies and ants. The flower is small and her petals are arranged as in a circle, resembling little hands that give away all they have for the very sake of love. For me, this is a gesture of contentment and understanding about the nature of bestowing freedom on the universe. The stem of Chicory is void, but she knows it’s just an illusion: she learned her lesson well and joyously share her inner light with whoever freely goes to her.

To finish this post, I want to leave here some lines of Björk’s song “All is full of love” which remind me of the lesson of one of my most beloved flower essences:

Twist your head around, is all around you.
All is full of love, all around you.
All is full of love, you just ain’t receiving.
All is full of love, your phone is off the hook.
All is full of love, your door’s all shut.

Let it all go . Deja ir todo

Hace unos días que la idea de mantener solo lo esencial lleva dando vueltas por mi cabeza. Todo empezó con un chico brasileño, João, a quien conocí en un curso de certificación en imágenes electrofotónicas en Nuevo México. Durante la comida, me dijo que una frase de su madre era “Tudo demais, é muito”, que en español se traduce en algo así como “Todo lo que sobra, es mucho”. Esta conversación hizo que surgiera la pregunta: ¿Qué es esencial?.

Más tarde – y no creo ya en coincidencias – apareció en el muro de facebook de un amigo la siguiente frase:

Deja ir todo. Observa lo que se queda.

Ahí sentí que mi pregunta estaba siendo contestada. Dejar ir es necesario para conocer lo que fluye en libertad, lo que es verdad, la expresión primaria de la voluntad. Con este acto viene la exploración inherente de aquello que se queda, lo que no se va, lo que se manifiesta libre y desde esa libertad permanece. Dejar ir significa aceptar, vivir en el presente: fluir con el campo de potencialidad.

Aquello que permanece en el acto de soltar es pues, lo esencial.

Muchos líderes espirituales, filósofos contemporáneos, sanadores holísticos y buscadores de la verdad coinciden en que vivir en el presente es en sí un estado de iluminación. Yo creo que quien lo deja ir todo experimenta la aceptación más profunda, pues es capaz de reconocer lo esencial y así también sus propias alas.

Flores relacionadas: chicory, sagebrush, pink flannel flower, bleeding heart, sage, honeysuckle, chrysanthemum.

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Recently, this idea of keeping only what is essencial has been running on my mind. It all started with João,  this Brazilian guy I met at the certification course in electrophotonic imaging in Santa Fe, New Mexico. He told me his mother used to say “Tudo demais, é muito”, wich sort of translates as “If it’s additional, it’s too much”. This naturally  led me to the question: What is essential?

Later – and I have to say I no longer believe in coincidences – I saw this phrase in a friend’s facebook wall:

Let it all go. See what stays.

I immediately felt I got the answer to my question there. To let go is a necessary step to experience what flows in free will, true and uncontroled. In the art of letting go there is an inherent exploration of what will remain. Such act implies freedom, acceptance, being present: flowing with the potential field.

What stays in the act of letting it all go is therefore essential.

Many spiritual leaders, modern philosophers, holistic practitioners and truth seekers agree that living in the present moment is already a state of enlightenment. I believe that it is through letting go when the deepest acceptance starts, for the essencial is acknowledged and so wings begin to grow.

Related flowers: chicory, sagebrush, pink flannel flower, bleeding heart, sage, honeysuckle, chrysanthemum.

It ain’t over till it’s over . Ya lo pasado, ¿pasado?

Mientras viajaba a la Ciudad de México hace unos días, venía reflexionando sobre lo que pesa, lo que traemos a cuestas y que a veces aceptamos cargar más por costumbre que por voluntad propia. En mis acompañamientos florales me he dado cuenta que una de las anclas más comunes es la del pasado. Lo relaciono con carga por ser categórico, más como metáfora que con ánimo de juicio. La carga no es el pasado, sino la interpretación que nosotros le otorgamos a éste: la manera en la cual manifestamos su influencia en nuestras vidas presentes.

Hace unas semanas escuché por ahí que alguien decía el mejor año de mi vida fue… . Frases como ésta, que muchos podemos usar de manera automática, generan una realidad que a la larga resulta en nostalgia, que nos lleva a fantasear reviviendo una y otra vez lo que nos dio una gran felicidad. Yo me pregunto si esto no es, de alguna manera, dejar que nuestra vida se escape en un recuerdo. Lo digo porque se vuelve crónico. Literalmente, hay gente que vive en el pasado y su aferramiento es tal que lucha por revivirlo a toda costa, causando nuevamente olas de tristeza por algo que, aunque duela aceptarlo, está muerto.

Existe también la otra polaridad, donde aquello que aparece en nuestra memoria constantemente, y que intentamos revivir incluso de manera inconsciente, es el recuerdo de un pasado doloroso. Por descabellado que parezca, también podemos aferrarnos a lo que nos hizo daño, tal vez como un intermitente recordatorio de que nos puede volver a suceder.

Vivir en el pasado pesa, cierra puertas, nos desconecta de nuestro propio poder creador. Resulta infructuoso tratar de regresar el pasado, pero sí es posible crear nuestro futuro al vivir plena y conscientemente el momento presente. Podrá sonar transgresor, pero ahora estoy convencido de que el mejor año de tu vida, los mejores momentos, las mejores experiencias y las mejores vivencias no existen. Son una ilusión de la mente en la búsqueda de la felicidad dentro de lo conocido, regresando al lugar donde aprendimos a sentirnos bien. No hay mejores momentos, sólo momentos que se esfuman, que no nos pertenecen, pero que sí conforman nuestra historia, sean estos felices o tristes.

Entonces, ¿Cómo liberarme del pasado?¿Cómo cortar con estos recuerdos? La respuesta, que a primera vista se antoja contradictoria, me aparece así: con el pasado no se corta como si fuera un enemigo, al pasado no se le ignora como a un personaje incómodo, ni siquiera se le entierra como a un muerto en cuya tumba regresamos a llorar su ausencia, no. Al pasado se le honra. Al pasado se le reconoce como maestro, se le hace honor aplicando lo aprendido, aquí, ahora, integrándolo en nuestro ser, en la infinita presencia que cada uno de nosotros experimenta con una respiración, un parpadeo, al pasar saliva, al ser acariciados por el aroma de una flor.

El pasado es un maestro que confió en nuestro propio aprendizaje y por ello nos dejó ir. En reconocimiento, podemos actuar de la misma manera, diciéndole adiós, dando la bienvenida a lo nuevo, para que nos sea presentada la siguiente lección en este día de escuela que se llama vida.

En la foto de arriba aparece la flor del Honeysuckle, una de las 38 flores de Bach (no estoy seguro que sea Lonicera Caprifolium, pero definitivamente es una lonicera). El gesto de la flor es evidente: al abrirse parece dejar atrás los pétalos, en un acto de belleza, retrayéndolos delicadamente en forma de espiral, quedando sus estambres expuestos. Al ver la flor pienso en juegos pirotécnicos, porque Honeysuckle celebra la creación en potencia que espera felizmente ser manifestada. Esta flor es indicada para quienes viven en el pasado. En mi experiencia, Sage (Salvia officinalis) y Sagebrush (Artemesia tridentata), del sistema de California, son excelentes acompañantes en cualquier fórmula floral que ayude al consultante a asimilar lo esencial del aprendizaje de su propia historia.

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Last week, while I was traveling to Mexico City the idea of the past and how it can become a burden suddenly appeared in my mind. During my coaching sessions, I have realized how the past is a recurring topic, which my clients bring up in a variety of situations, such as grief, aging, broken hearts, and even from childhood traumas. I use the term burden in a metaphorical rather than a categorical way, because I believe what anchors us is our own interpretation of the past and how this is manifested in our present lives.

A few weeks ago, I heard someone saying the best year of my life was…. How many times have we used this kind of phrases? This of course implies that the past is better than the present. But is the comparison worth it? I believe that, by comparing, we subconsciously detach from the present moment in an attempt to live again those greatest moments of happiness. Detachment from the present, however, is detachment from awareness and this causes disconnection with ourselves. I wonder whether by longing for the past, we are somehow letting our own lives scape away from us for the sake of grasping memories.

Some, on the contrary, grasp the painful bits. Yes, it happens. Longing for the sad moments is a reality because links between important people in our lives are sometimes built upon pain. When these people are no longer part of our lives, letting go becomes an even more painful process.

In any case, when either happy or sad memories are relived in our minds, we are playing the dangerous game of not only reliving, but re-enacting our past. Again, it is dangerous in both cases: for the happy memories, re-enacting will lead to disappointment while for the sad memories it will inevitably result in self-damage.

The question may then be how to release the burden, how to break free from what anchors us. The answer, contradictory as it may seem, is that there is no need to get rid of the past. There is no need to run away from it, even ignoring or trying to bury it is futile. Instead, the past must be honored, for it is a caring teacher, a patient provider of the lessons life had for us to learn. The past allows us to integrate every piece of our story into who we are now.

The featured image in this post shows the Honeysuckle flower, one of the 38 remedies of Dr. Bach. I am not sure whether it is Lonicera Caprifolium, but it certainly is a lonicera. The gesture of the flower is clear: delicate spirals gently release what is behind in order to expose her stamens, symbolizing creation, the manifestation of the idea here and now. It also appears to me as fireworks, celebrating the way the flower learned to create her future by being light and aware in the present moment. In my practice I have learned that Sage (Salvia officinalis) and Sagebrush (Artemesia tridentata), from F.E.S.  are two amazing flower essences for being included in any formula related to learning from the past, as these two help us embrace what is essential in our own story.


Featured image by Keith Williamson [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)%5D, via Wikimedia Commons.