De corazones rotos

Las relaciones amorosas son oportunidades de la vida para conocernos mejor a nosotros mismos a través de ese espejo al que llamamos pareja. El autoconocimiento implica sumergirse en la vida, dejar de especular sobre teorías del amor perfecto y sin riesgos y abrir no solo el corazón, sino los ojos cuando decidimos sumergirnos en el océano de nuestras emociones.

El amor teórico, el perfecto, aquél en donde no se desatan batallas interiores ya está muerto, de entrada, en los estériles confines de la mente. El amor experimental, el que se arriesga a abrirse a un mundo de incertidumbres, de luz y oscuridad, de magia y desencanto, está vivo y busca dar sus flores en los bosques siempre verdes del corazón.

A veces, las historias de amor que inician, también acaban. Unas de manera paulatina. Otras de manera súbita. Todas duelen, aunque la mente se empeñe en negarlo buscando culpables o construyendo estructuras lógicas inmediatas sobre las cuales el ego se sienta seguro.

Lo cierto es que el corazón fue quien se atrevió a intentarlo y el corazón es indestructible: nadie puede romperlo, aunque en su momento parezca que sí. El ego se rompe, la mente es la que sufre. El corazón es ese templo que ofrece sus paredes infinitamente abiertas para que encuentres tu centro. Incluso cuando se siente sangrar, esa sangre indica vida que contiene el fuego alquímico que todo lo transforma.

Las condiciones óptimas en tu vida son las que ocurren en este momento. El “como debe de ser” es exactamente como está sucediendo. Desear que algo hubiera sido de otra manera es negar de la vida las joyas que te ha regalado para que te des cuenta de que viniste a amar para aprender a Amar.

La esencia floral de Bleeding Heart (Dicentra Formosa) de Flower Essence Services (FES), recomendada en casos de rupturas amorosas, contribuye a que el alma se expanda hacia la búsqueda del amor a uno mismo, que es también el amor a los otros y que en su más pura esencia es amor a la vida. Aquí comparto la afirmación floral de Patricia Kaminsky sobre esta flor en forma de corazón:

” Libero las ataduras emocionales que tengo con los demás.
Lleno mi corazón con la paz de la fuerza interior.
Irradio mi Amor a los demás como un regalo en libertad. “

El poder de lo pequeño

A menudo olvidamos el poder de las simples y pequeñas acciones. Una sonrisa, una mirada comprensiva, un gesto amoroso. Un gracias, una caricia, un apretón de manos con el corazón. Caminar tomados de la mano, un beso de buenas noches, bailar abrazados despacito.

Un “Te amo” dicho por primera vez.

Y por segunda, y por tercera… y por última.

Algo que me parece maravilloso de estas pequeñas acciones es que, dada su sencillez, rara vez vienen acompañadas de la comparación. Por ejemplo, es raro que alguien quiera ser el mejor abrazador del mundo o el poseedor de la mirada más comprensiva.

El amor no tiene lugar para la comparación y es a través de nuestras pequeñas acciones que nos permitimos amar todos los días. Aún así, no parecemos reparar en el gran poder detrás de estos simples actos.

Decía Teresa de Licieux: “El amor está hecho de pequeños detalles”.

Quiero compartir la hermosa afirmación floral de Buttercup (Ranunculus Occidentalis), esencia floral de Flower Essence Services (FES) recomendada en casos donde la propia valía se ve quebranta por la tendencia a compararse con los demás. La afirmación, de la autoría de Patricia Kaminsky, nos recuerda cómo el poder de lo sencillo se gesta en corazones extraordinarios:

” Mis pequeñas y simples acciones pueden contribuir al bien del mundo.
Reconozco la luz dentro de mí, que es única.
Con gracia y sencillez, ilumino al mundo. “

El niño que te espera

Querido niño interior,

Hoy quiero decirte algo: he decidido no huir más de ti, porque cada vez que te ignoro me estanco en el tiempo.

Hoy te abrazo y reconozco que construiste para mí un mundo de lágrimas y caramelos, de satisfacciones inmediatas y profundas heridas, de sonrisas enormes y ojos que se abrían confiando en el universo, que se sorprendían con la luz contenida en el rocío de una flor, con la magia del nacimiento de las mariposas.

Hoy entiendo por qué me la he pasado huyendo de ti. Pero nadie quería lastimarte ¿sabes? Y cuando lo hicieron, no sabían lo que te hacían. Créeme, no lo sabían, porque al herirte tenían que cerrar sus ojos para no ver lo que a ellos mismos les dolió. Ellos también aprendieron a huir de su niño interior.

Hoy acepto la verdad: nunca mereciste el dolor, nunca buscaste al rechazo ni al miedo ni a los monstruos debajo de tu cama, pero tenías que entender al mundo para sobrevivir y ese fue tu primer acto de amor, tu primer salto de fe.

En este momento dejo de huir. No es justo para ninguno de los dos. Ven mira, ya me detuve. Sí, corre hacia mí, confía. ¿Ves cómo abro los brazos? Me voy a hincar para que puedas abrazarme bien. Sí, aquí estoy… yo también te extrañaba. ¿Estás llorando? No te preocupes, llora. Ten miedo también, grita de rabia y de alegría. ¿Te sientes solo? Verás que este abrazo disuelve tu soledad, nuestra soledad. ¿Que eres un niño feo?¿Pero qué dices? Eres hermoso, eso sí, muy pequeñito comparado conmigo, pero tus ojos son mis ojos: mírales bien, ahí siguen viviendo todos y cada uno de tus sueños.

Tú me enseñaste a reír. Si quieres, también ríe hoy conmigo, porque este abrazo es el espacio para sentir lo que venga, sin prisas, sin exigencias, sin decepciones. Me has esperado demasiado tiempo y yo he sufrido ya bastante las consecuencias de haber huido de ti.

Ahora quiero darte las gracias por no haberte cansado de buscarme, por tu paciencia, por tu energía, por tus carritos con llantas de corcholata y tus muñecas pelonas, por los libros de colorear y por hablar con las hormigas que vivían dentro de la tierra del jardín de la casa de la abuela.

Ahora sí, vamos a caminar juntos ¿sale?, ya no te suelto ni tú a mí. ¡Ya crecimos! ¿Y sabes qué? Ya no necesitamos encajar en moldes chiquititos de realidades infantiles, querido niño interior, porque a partir de hoy ya sabemos lo que se siente ser adultos.

Cupido y el espejo

El disparo va directo a tu corazón.  Flotas en nubes y bailas entre flores. Todo fluye diferente. Te enamoras. Estás vivo. Experimentar esa sensación es un milagro y si es correspondida es aún más maravilloso.  Se dice que cuando Cupido dispara, la persona que ven tus ojos se convierte en la fuente de tu amor.

También dicen que el amor es ciego, pero yo creo que no. El miedo sí lo es. Por miedo a sufrir ponemos una venda en los ojos del amor. Te amo para que no me abandones. Te amo para que no me rechaces. Te amo para sentirme protegido. Te amo para sentirme aceptado. Te amo para que mi vida tenga sentido. Te amo para… la lista es interminable. El amor ciego justifica todo con tal de no enfrentar el dolor que causan las carencias emocionales.

Si te pierdes en el proceso de valorar a alguien (de manera desproporcionada) corres el riesgo de olvidarte de tu propio valor. Ama sin medida, pero con límites, dice Walter Riso. Es cierto, el amor no se mide (de aquí a la luna, por ejemplo), sino que se experimenta como consecuencia del respeto, la ternura, la honestidad, la amistad y el erotismo de las personas que se aman.

Lo cierto es que nadie es responsable de sanar tus carencias emocionales. Nadie, excepto tú mismo. El amor con los ojos abiertos acompaña en libertad, sin la intención de reparar nada en el otro. Si ese es tu objetivo, es posible que Cupido haya desperdiciado un disparo y tú te hayas puesto una venda.

Paradójicamente, el amor ciego se origina en la falta de amor a uno mismo. Así, buscamos en el otro aquello que no creemos encontrar en nuestro interior, pues no podemos entender que siempre ha estado ahí. Acéptate, quédate contigo, protégete, abrázate, encuentra el sentido de TU vida. Ámate. Abre los ojos al amor. Ámate, pero hazlo sin vendas en los ojos, pues el amor ciego hacia ti mismo (narcisismo) también terminará  causando daños.

Hace tiempo, leyendo el cómic de  la mujer maravilla (DC, The New 52, Vol. 4, 10), la siguiente escena me dejó un gran aprendizaje. La historia se sitúa en el contexto de la mitología griega. Diana (la mujer maravilla), en un acto de compasión, le hace un regalo a Hades, Dios del inframundo y personaje incapaz de sentir nada sino odio, rencor y amargura. El plan de Diana es disparar directo al corazón de Hades con la pistola de Cupido, una vez que éste hubiese abierto su obsequio: un espejo. Cierro esta publicación con la escena del cómic.

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Ese oscuro objeto del deseo

¿Qué es para ti el sexo?
-Un regalo.

Respuesta de Horacio, filósofo, mientras tomábamos unas cervezas en la barra de mi bar favorito en Saltillo. Ahí lo conocí.

¿Crees que el sexo es una experiencia espiritual?
-¡Claro que sí! Pero nos han enseñado que el sexo es algo del diablo, algo sucio. Sin embargo, creo que es un tipo de energía que puede ser usada para nuestro propio bienestar. Pero existe también el libre albedrío, por lo que hay quien usa el sexo para hacer daño.

Opinión de João, doctor en biología y terapeuta holístico. Lo conocí en un curso de electrofotónica en Nuevo México.

¿Cambió tu percepción del sexo después de haber conocido la meditación orgásmica?
– Sí. Una manera simple de explicarlo es diciendo que varias capas de culpa y vergüenza cayeron definitivamente.

Palabras de Dita, doctora en computación y coach de meditación orgásmica. Nuestros caminos se cruzaron en Inglaterra.

¿Por qué les pregunté a ellos? No lo sé, solo puedo decir que fue un impulso que decidí seguir.

Tomo elementos de estas respuestas para referirme al sexo como un poderoso don cuya energía puede utilizarse con fines de bienestar o destrucción. El bienestar llega con el despojo de las máscaras impuestas por el ego, mientras que a la destrucción se llega creando nuevas máscaras o fortaleciendo las ya existentes.

¿Y el placer? preguntaría Freud, tal vez escandalizado por tan terrible omisión. En lo personal, el placer como fin me parece estéril, en otras palabras, nace y muere en el mismo instante. Como un medio, sin embargo, es un puente capaz de conectar lo que soy con lo que puedo ser. De ahí su poderosa dualidad evolutiva / involutiva. Por ello me gusta pensar en la actividad sexual como una oportunidad para trascender, para reconocer patrones aprendidos y desprogramarlos, para contactar con emociones reprimidas y liberarlas, con placeres ocultos cuyo descubrimiento enriquece la experiencia de vivir.

En estos tiempos, las preocupaciones referentes al sexo tienen que ver con el tamaño del pene, la flacidez de la carne, la luz encendida o apagada y la perfección del momento. La autoestima del hombre moderno llega incluso a depender de su desempeño en la cama. La valía de la mujer moderna está en función de la firmeza, redondez o delgadez de su cuerpo, de acuerdo a la pauta impuesta por la figura pública de moda.

Aunque nos hemos tragado esa historia, la verdad es que no somos objetos. Si no entendemos esto, lo más probable es que nuestra balanza se incline hacia la búsqueda de placer en el contexto estéril. Cuando la búsqueda del placer no conoce límites puede convertirse en el camino más seguro para huir de nosotros mismos. Si somos objetos, los demás también lo son. Despersonalizar a los otros es un tremendo acto de desconexión. El sexo que desconecta es un regalo rechazado, la negación del propio poder. Pero, ¿conectar con qué a través del sexo?

Conectar con la ternura, la emoción a flor de piel, la vulnerabilidad. Conectar con las fuerzas creativas, con el sol y con la luna, con la humedad de la saliva y el calor de la respiración acelerada, cerrar los ojos y mirar al otro para dejar ir el último suspiro de la noche. Conectar, conectar, conectar, con el gozo de abrir puentes y piernas cabalgando hacia nuevas dimensiones.

Conectar con el corazón más vivo que nunca.

Comparto aquí la hermosa afirmación de Patricia Kaminsky con referencia a la esencia floral de la Albahaca (Basil, Ocimum basilicum):

Integro espiritualidad y sexualidad en mis relaciones.

Unifico la calidez del mundo físico con la pureza de los ideales espirituales.

Aprendo a amar al otro con todo mi ser.

La flor que aparece al inicio de esta publicación es la Albahaca. El cálido sabor de sus hojas simboliza lo terreno, lo cual contrasta con la blancura de sus flores expresando la pureza del espíritu. De acuerdo a la lección de Basil, lo espiritual y lo sexual no son en realidad polaridades, por lo que pueden estar perfectamente integrados. Así como la meditación, la oración y otros actos relacionados con espiritualidad, el sexo también es una poderosa energía creadora. De la misma manera, la espiritualidad distorsionada (manipulada a lo largo de la historia por tantas religiones), en lugar de conectar, desconecta, entumece y bloquea la apertura de la conciencia. La represión del placer como medio de bienestar es también causa de desconexión.

Además de Basil (de F.E.S.) y Tuia (Thuya occidentalis, de Saint Germain), que son particularmente utilizadas en casos de compulsión sexual, adicción al sexo y predilección por las actividades sexuales clandestinas, otras flores que elevan el patrón vibracional para una sexualidad que conecta son:

  • Pine (Pinus sylvestris), de Bach, que ayuda a liberar del peso de la culpa.
  • Crab apple (Malus sylvestris), de Bach, cuando existe la creencia de que el acto sexual es sucio, vergonzoso o contamina.
  • Larch (Larix decidua) de Bach, para quienes no creen que serán capaces de lograr una experiencia satisfactoria a través del acto sexual.
  • California pitcher plant (Darlingtonia californica), de F.E.S., para transformar las cualidades instintivas de la sexualidad en experiencias sexuales más humanas.
  • Calla lily (Zantedeschia aethiopica), de F.E.S., cuando existe confusión con respecto a la orientación sexual, para balancear las energías masculinas y femeninas.
  • Sticky monkeyflower (Mimulus aurantiacus), de F.E.S., para el miedo a la intimidad, a lidiar con las energías sexuales, para la expresión sexual manifestada con represión o con gran hiperactividad.
  • Flannel flower (Actinotus helianthi), de Australian Bush, para el miedo a la intimidad física y emocional, miedo a ser tocado, especialmente para hombres renuentes a mostrar su lado sensible y vulnerable en las relaciones sexuales.
  • Billy goat plum (Planchonia careya), de Australian Bush, para la incapacidad de disfrutar el sexo, repulsión o asco a la actividad sexual.
  • Biznaguita chilera (Mamilaria magnimamma Haworth), de Florara, mejora el estado de ánimo, el sentido del humor y la conciencia con respecto a la capacidad en el desempeño sexual del hombre.
  • Lirio silvestre (Dietes iriodioides), de Florara, para que la mujer pueda expresar su amor sin barreras morales, con mayor seguridad en la expresión de su placer y una posición más activa en la relación sexual.

¿Qué obtienes del sexo?
– Vuelvo a encontrar mi equilibrio.

Palabras de Liliana, un espíritu libre. Da igual cómo nos conocimos.

Despierta, mi bien, despierta

La vida es una película y cada quien nace siendo protagonista de la suya. A veces, sin embargo, pasamos a ser actores secundarios.

─¡Pero claro que soy el protagonista de la película de mi vida!─ dirían algunos. Excepto cuando estoy obsesionado con que mi pareja cambie, con que mi jefe me tome en serio, con que mis hijos sean más agradecidos y que mis padres dejen de hacerme sentir culpable, por mencionar algunas escenas recurrentes. Al enfocar toda mi atención en los demás, los verdaderos protagonistas son ellos, no yo.

Es común confundir protagonismo con egoísmo, pero representan cosas muy diferentes. El egoísmo es una búsqueda voraz de la propia satisfacción mediante estímulos externos (lo motiva la soberbia); en cambio,  el protagonista desea encontrarse a sí mismo, caminando hacia su propio corazón (dirigido por el amor). El egoísmo aísla, el protagonismo dignifica.

Dice Carl Jung:

“Tu visión será clara solo cuando puedas mirar dentro de tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.”

Bajo esta analogía, el protagonista vive la realidad de su historia con los ojos bien abiertos, mientras que el egoísta está atrapado en el sueño del personaje secundario.

El protagonista también elige la responsabilidad sobre la culpa, la transformación sobre la comodidad, el valor sobre el pánico, la verdad sobre la mentira, la intuición sobre la desconexión, el perdón sobre el dolor. Por estas razones, puede ser aterrador para muchos vivir su película como protagónicos, pues significa que deberán llevar el peso de una historia que no siempre resulta agradable. Lo cierto es que la trama puede cambiar cuando el personaje principal decide enfrentar sus batallas.

Tal vez sea necesario despertar y mirar hacia adentro para darnos cuenta que además de actores principales, también podemos ser los directores de nuestra película.

 

La ilusión del vacío

Esta publicación la dedico a Beatrice, quien tomó la mano de Dante y rezó por él en su viaje al inframundo.


Días atrás discutía con mi amiga Milena sobre el amor. “Nadie da sin esperar nada a cambio, solo los masoquistas”, afirmaba ella. “Dar demasiado es una forma de agresión, ¿no crees?”. Totalmente de acuerdo. Lo que no está en equilibrio se desborda. Como un río alborotado, el amor en exceso también ahoga.

He llegado a la conclusión de que quien da todo “sin esperar nada a cambio” se engaña a sí mismo. Amar sin límites trae bajo la manga secretas intenciones.

Lo opuesto al amor es el miedo. Donde hay miedo, es muy probable encontrar culpa, estancamiento e incapacidad de perdonar. Dicen que quien lo da todo tiene miedo a la soledad, pero yo creo que el miedo está en mirar hacia adentro y descubrir el vacío interior. Este vacío nos conecta con la urgente necesidad de llenarlo, paradójicamente, a través del afecto de otros. Como consecuencia, si no nos dan amor, nos sentimos vacíos.

Muchas historias de amor actuales se viven en un ciclo de codependencia:

Lo doy todo ➞ sufro al no sentir reciprocidad ➞ no obtengo suficiente del amor del otro ➞ busco amor dentro de mí  ➞ descubro el vacío interior ➞ me siento poco valioso y entonces debo alimentar la idea de que soy bueno ➞ comienzo de nuevo sacrificando todo en nombre del amor miedo.

El vacío interior es una ilusión que decidimos creer porque nos refuerza nuestro propia valía mediante la siguiente idea: “si soy bueno, soy valioso”. La ilusión del vacío  interior nos obliga a mirar siempre hacia afuera para encontrar la validación que nos negamos a nosotros mismos. Al amar demasiado, irónicamente, terminamos desconectados del Amor.

Quien ama detrás de la ilusión del vacío:

  • Entrega sin realmente pensar en el otro.
  • Se jacta de saber lo que es mejor para el otro y en consecuencia, siempre tiene algo que corregir.
  • Se toma las cosas de manera personal (¿cómo es posible que me trate así después de todo lo que le he dado?).
  • Hace todo para retener al ser amado (no confía en la libertad).
  • Estalla en drama si no le demuestran reciprocidad.
  • Controla a través de la bondad y la protección.
  • Manipula a través de la culpa.
  • Se preocupa demasiado por el bienestar del ser amado.
  • No conoce límites, es ciego, se aferra al para siempre.
  • Prefiere completar más que complementar al otro.
  • Termina viviendo del pasado.

Puede resultar terrible, pero así es como muchos hemos experimentado el amor. No nos damos cuenta del exceso: quien ama bajo la ilusión del vacío interior no es consciente del círculo en el que puede caer. Insisto en explicar a mis consultantes que la vibración de las esencias florales nos ayuda a hacernos conscientes de lo que ni siquiera imaginábamos que existía. A través de esta apertura de consciencia dejamos de ser víctimas.

Ahora bien, yo sí creo que es posible dar amar sin esperar nada a cambio. Yo sí creo en el amor basado en el miedo la libertad. Esta perspectiva se la debo a una flor del sistema del Dr. Edward Bach, Chicory (Chicorium Intybus). Ella me ha ensañado que el amor se vive desde la libertad. Sobre esta flor, afirma atinadamente el Dr. Ricardo Orozco, en su libro “Flores de Bach: 38 descripciones dinámicas” que:

La lección de Chicory es el amor.

Quien ama en libertad (de acuerdo a Chicory):

  • Vive en el presente, confía en la vida y en el gozo de su propia existencia.
  • Reconoce su luz interior (en lugar del vacío) como su fuente de nutrición.
  • Al ser capaz de amarse a sí mismo, también acepta al otro tal y como es, respetando espacios, decisiones y caminos de vida.
  • No quiere ser la otra mitad, no busca completar ni ser completado: acompaña.
  • Es capaz de ver con los ojos del alma, no es ciego y por ello sabe cuándo dejar ir.
  • No juega a ser Dios, es humilde, reconoce sus propios límites y los respeta.
  • Se adapta, fluye se disuelve en el tiempo.
  • No se esconde, se muestra como es.
  • Cree en la unidad y en el infinito: su amor se dirige en todas direcciones.

La fotografía de esta publicación la tomé hace una semana en Taos, Nuevo México. La verdad es que estuve a punto de llorar al ver a Chicory en un terreno cerca de un estacionamiento. Iba con unos amigos y los hice parar el auto casi con un grito. Al bajar,  presencié un espectáculo hermoso: cientos de Chicory rodeadas de abejas, mariposas, hormigas y en ese momento, hasta yo me sentí bajo la influencia de su poder de atracción.

La flor es pequeña, sencilla y al abrirse parece extender sus pétalos, que son como manitas abiertas, en todas direcciones. Su mensaje, claramente, es soltar apegos, olvidar el control, reconocer la luz interior y compartirla con el universo. El tallo de Chicory está hueco, pero ella es sabia, pues en su lección aprendió que el vacío interior es solo una ilusión. Bajo ese aprendizaje, su flor se ofrece como el más puro homenaje al amor. De todas las flores de Bach, cuando se hace la tintura a través de la solarización, Chicory es la única que deja ir incluso su color azul en el agua, como su último acto de amor.

Termino este texto con unas líneas de “All is full of love” de Björk, una canción que, a mi parecer, representa fielmente a mi querida Chicory  y a su difícil lección. La traduzco así:

Mira a tu alradedor, te está rodeando…
Todo está lleno de amor, todo a tu alrededor.
Todo está lleno de amor, pero tú no lo recibes.
Todo está lleno de amor, pero tu teléfono está descolgado.
Todo está lleno de amor, pero tu puerta está cerrada.