Sacrifice and resurrection . Sacrificio y resurrección

Morir para volver a nacer. Volver a nacer para ascender al cielo. Ascender al cielo para regresar al lado del padre.

De manera muy simplificada, esto es lo que que el cristianismo celebra en la llamada semana santa a través de la historia de Jesús. No es mi intención entrar en un debate religioso ni criticar o validar las creencias de nadie con esta publicación. Sí es mi intención compartir una reflexión personal sobre la idea del sacrificio y la resurrección hablando sobre una de las flores de Bach que considero ideal para esta tarea: Rock Rose (Helianthemum nummularium).

El término sacrificio se ha confundido bastante con el de martirio. Quien se sacrifica lo hace con un poderoso motivo de trascendencia a través de la pérdida personal. Quien se martiriza se encierra en su propio dolor y por lo tanto se estanca en falsos motivos de trascendencia.

Todo comienza con el terrible dolor que nadie pide pero que llega muchas veces de manera súbita: la muerte de un hijo, de un padre o un hermano; una infidelidad, un divorcio, una violación, una golpiza; la pérdida de un trabajo, de una casa, de un negocio; desastres naturales, accidentes viales, enfermedades terminales… la lista es larga. En todos los casos el dolor arraza con la historia de una vida, paralizando así el alma de quien vive estos sucesos devastadores. El alma se paraliza ante la destrucción de lo creado, se pasma en el terror de aquello que nos revela que, de un momento a otro, podemos quedarnos sin nada, sin poder siquiera intentar cambiar lo ocurrido.

El sacrifico consiste en aceptar la situación y desde ahí dejar ir lo más valioso de tu propia historia: la idea que te habías forjado sobre ti mismo; es decir, sacrificarse es trascender la propia muerte (simbólica). Una madre que pierde a su hijo nunca más podrá volver a ser madre del hijo que se fue. Una separación amorosa anula la posibilidad de volver a vivir el amor a través de la persona que  antes se amó. Un accidente que genera la pérdida de un miembro transforma por completo la vida de quien lo padece. El terror de la inminente pérdida de uno mismo paraliza el alma.

La trascendencia como consecuencia del sacrificio solo se puede lograr a través de un elemento clave: el amor. De acuerdo a Jordi Canhellas,

el amor  es el principio cósmico de Rock Rose.

El Dr. Bach menciona al valor ante situaciones de terror como la propiedad principal de esta flor. Yo me inclino más por el amor como motor del sacrificio para trascender situaciones que paralizan el alma.

Nuevamente retomando el texto de Jordi Canhellas, habla así sobre esta flor: “Rock Rose, al aportar Valor a nuestras vidas, contribuye al Amor, atenuando nuestra separación con todo lo que provocaba nuestros miedos.” Esta flor, que con su color amarillo nos recuerda la fuerza solar, cuando está cerrada mira hacia abajo, pero cuando se abre se yergue hacia arriba , como un acto de ascención al sol, que es también el fuego y al padre.

Solo a través del amor logramos trascender la propia muerte, es decir, resucitar a una nueva realidad que se vive también con nuevos ojos y a través de los latidos de un nuevo corazón. Es así como la idea de resucitar para ascender hacia la fuente universal del amor le otorga un sentido de trascendencia al sacrificio. De acuerdo a la historia de Jesús, él aceptó con serenidad el dolor de su propio sacrificio para entregar su vida como un acto de amor. De esta manera, venció también los límites de la muerte para renacer y ascender.

Me gusta pensar que todos, de una u otra manera, somos capaces de resucitar de entre los muertos al abrir nuestra conciencia aceptando la realidad, al dejar ir versiones de nosotros mismos con las que no solo fuimos felices, sino que definieron nuestra perspectiva de la vida. Así pues, toda resiliencia es finalmente un acto de amor.

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To die to being born again. To be born again to ascend towards heaven. To ascend towards heaven to return back to the father.

This is a very simplified version of what Christians celebrate during the easter week. It is not my intention to validate or discredit any religious or spiritual belief here. It is my intention, though, to share a personal reflection on the idea of sacrifice and resurrection by talking about the Bach flower essence of Rock Rose (Helianthemum nummularium).

The term sacrifice has been mixed up with martyrdom. However, they differ from each other in their path. The path of sacrifice implies transcendence of pain, while martyrdom unceasingly suffers pain with no sign of hope.

It all starts with a terrible situation: loss of a loved one, separation, divorce, being fired, a car accident, a terminal disease… the list is quite extensive. In these cases, pain comes as if its mission was to devastate lives, paralysing our soul as they presence the fall of the foundations of our very own identities.

Sacrifice means acceptance of the situation to let go of what is most difficult: the previous version of yourself. To self sacrifice is to transcend our own (symbolic) death. A mother whose son dies will never be a mother of that being again; a divorce suppresses the possibility of having a common life with the person with whom we founded a family; a car accident may cause the loss of a leg or an arm and the person who suffers  that loss will have to open to a very different life from what it was before the event.

Transcendence as a consequence of sacrifice can only be achieved through the one key element of Love. Jordi Candelas, Spanish biologist and flower essence synthesiser  mentions:

Love is the cosmic principle of  Rock Rose.

Dr. Bach presents Courage in situations of terror as the quality of this flower essence. The idea of Love as the fuel of sacrifice for transcendence resonates more with me though, as situations of terror paralyse the soul and only love is capable of reminding us where real courage comes from. The gesture of this flower beautifully reminds us of the rising towards the sun (the father, the universal source of love) with her bright yellow color: while closed she faces down, but when she opens then rises up looking for the solar energy that she finally recognises as her own.

I like to think that we are all capable of resurrecting, as Jesus did, by recognising that our sacrifice comes along with the lesson of loving in such a universal way that we understand that we have to let go of what we used to be in order to see the light again with renewed, transcended eyes.


Rock rose photograph by By Björn S… (Common Rockrose – Helianthemum nummularium) [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)%5D, via Wikimedia Commons.

Heart of darkness . El corazón de las tinieblas

Hace días apareció una publicación de mi amiga Tara, en facebook, donde expresaba su desacuerdo en cómo inician muchas relaciones de pareja. “No escondan sus defectos, tarde o temprano salen a la superficie”, decía. Leer esto me conectó con el concepto de la sombra, de la oscuridad, con el arquetipo de la máscara. Con la mentira.

Después me vino a la mente el libro de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, del cual comparto la siguiente frase:

“Hay un aire de muerte, una idea de mortalidad en la mentira que es de forma precisa lo que más odio y detesto en el mundo, lo que más me gustaría olvidar.”

Nuestra sombra vive en el corazón de las tinieblas, al cual visualizo como un cuarto oscuro, sin ventanas, con la puerta cerrada. En este cuarto vamos acumulando la furia, las decepciones, el rechazo, el miedo y todo aquello de lo que hemos querido deshacernos.

Resulta lógico, si yo no quiero a mi sombra, ¿quién más la va a querer? ¿Y quién me va a querer a mí con esta sombra? Hay miedo entonces a quedarnos solos, a que nos abandonen nuestra pareja, nuestros padres y en el caso más extremo, Dios (cualquiera que sea la representación que éste tenga en nuestras vidas).

Así, en nombre del amor, elegimos escondernos.

Huir de nuestra sombra nos desconecta de nosotros mismos, de nuestra humanidad, de nuestra intuición. Decía Edward Bach que la oscuridad se equilibra con luz. Es cuestión de abrir la puerta del cuarto oscuro, reconociendo, primero, que este cuarto existe.

Quitémonos la máscara dando un salto al vacío, que en el fondo del abismo hay luz. Quitémonos la máscara, no hay peligro, aquéllo de lo cual huímos solo pide que abramos la puerta. Quitémonos la máscara, frente al espejo, frente a frente con el ser de quien deseamos la más profunda aceptación, quien más nos pide amor. Sí, hablo de uno mismo, porque los demás, al final, son también nuestro reflejo.

Flores relacionadas: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, willow, crab apple, scarlett monkey flower.


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The other day I saw this facebook post on my friend Tara’s wall. She had it clear saying how pointless it was to pretend being someone else for the sake of being loved. “Your darkness will show up one way or the other, it’s a matter of time”.

Her words resonated deeply within me. Darkness, what is it? Why do we wear masks to be loved? Certainly, we all have learned how to hide what we don’t want to see about ourselves.

There is a place where we bury the rage, the sadness, the resentful memories, where we keep the hurtful past trapped, the fear, the panic, the absolute loneliness. That place is the very heart of darkness and our shadow lives there. I now believe we have learned to ignore this place because we want to be good, accepted by our loved ones, approved by our parents, by the universe, by God.

Thus, in the name of love, we hide.

For me, darkness is a room with doors all closed. Fortunately, there is also room for light, it is just a matter of opening doors. Nonetheless, light cannot enter into a room whose existence has not been acknowledged.

Maybe, it is by neglecting the darkness within us that we start the self-disconnection process, the self-lies, the self-sabotage, the walking with closed eyes: the loss of our intuition.

Neglecting our darkness is also neglecting our light and it ultimately prevents us from experiencing the miracle of self forgiveness.

Let us drop the mask and allow our imperfection be revealed. Let us drop the mask big time, jumping into the sacred abyss of our soul, for there is infinite light at the bottom. Let us drop the mask, all masks, in front of the mirror, because it is from ourselves, not from others, that we seek acceptance, that we ask for love. The world is, at the end, a reflection of ourselves, our mirror.

To finish this post, I will share a quote from Joseph Conrad’s Heart of Darkness:

“There is a taint of death, a flavour of mortality in lies – which is exactly what I hate and detest in the world – what I want to forget.”

Related flowers: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, crab apple, willow, scarlett monkey flower.