El poder de lo pequeño

A menudo olvidamos el poder de las simples y pequeñas acciones. Una sonrisa, una mirada comprensiva, un gesto amoroso. Un gracias, una caricia, un apretón de manos con el corazón. Caminar tomados de la mano, un beso de buenas noches, bailar abrazados despacito.

Un “Te amo” dicho por primera vez.

Y por segunda, y por tercera… y por última.

Algo que me parece maravilloso de estas pequeñas acciones es que, dada su sencillez, rara vez vienen acompañadas de la comparación. Por ejemplo, es raro que alguien quiera ser el mejor abrazador del mundo o el poseedor de la mirada más comprensiva.

El amor no tiene lugar para la comparación y es a través de nuestras pequeñas acciones que nos permitimos amar todos los días. Aún así, no parecemos reparar en el gran poder detrás de estos simples actos.

Decía Teresa de Licieux: “El amor está hecho de pequeños detalles”.

Quiero compartir la hermosa afirmación floral de Buttercup (Ranunculus Occidentalis), esencia floral de Flower Essence Services (FES) recomendada en casos donde la propia valía se ve quebranta por la tendencia a compararse con los demás. La afirmación, de la autoría de Patricia Kaminsky, nos recuerda cómo el poder de lo sencillo se gesta en corazones extraordinarios:

” Mis pequeñas y simples acciones pueden contribuir al bien del mundo.
Reconozco la luz dentro de mí, que es única.
Con gracia y sencillez, ilumino al mundo. “

Cupido y el espejo

El disparo va directo a tu corazón.  Flotas en nubes y bailas entre flores. Todo fluye diferente. Te enamoras. Estás vivo. Experimentar esa sensación es un milagro y si es correspondida es aún más maravilloso.  Se dice que cuando Cupido dispara, la persona que ven tus ojos se convierte en la fuente de tu amor.

También dicen que el amor es ciego, pero yo creo que no. El miedo sí lo es. Por miedo a sufrir ponemos una venda en los ojos del amor. Te amo para que no me abandones. Te amo para que no me rechaces. Te amo para sentirme protegido. Te amo para sentirme aceptado. Te amo para que mi vida tenga sentido. Te amo para… la lista es interminable. El amor ciego justifica todo con tal de no enfrentar el dolor que causan las carencias emocionales.

Si te pierdes en el proceso de valorar a alguien (de manera desproporcionada) corres el riesgo de olvidarte de tu propio valor. Ama sin medida, pero con límites, dice Walter Riso. Es cierto, el amor no se mide (de aquí a la luna, por ejemplo), sino que se experimenta como consecuencia del respeto, la ternura, la honestidad, la amistad y el erotismo de las personas que se aman.

Lo cierto es que nadie es responsable de sanar tus carencias emocionales. Nadie, excepto tú mismo. El amor con los ojos abiertos acompaña en libertad, sin la intención de reparar nada en el otro. Si ese es tu objetivo, es posible que Cupido haya desperdiciado un disparo y tú te hayas puesto una venda.

Paradójicamente, el amor ciego se origina en la falta de amor a uno mismo. Así, buscamos en el otro aquello que no creemos encontrar en nuestro interior, pues no podemos entender que siempre ha estado ahí. Acéptate, quédate contigo, protégete, abrázate, encuentra el sentido de TU vida. Ámate. Abre los ojos al amor. Ámate, pero hazlo sin vendas en los ojos, pues el amor ciego hacia ti mismo (narcisismo) también terminará  causando daños.

Hace tiempo, leyendo el cómic de  la mujer maravilla (DC, The New 52, Vol. 4, 10), la siguiente escena me dejó un gran aprendizaje. La historia se sitúa en el contexto de la mitología griega. Diana (la mujer maravilla), en un acto de compasión, le hace un regalo a Hades, Dios del inframundo y personaje incapaz de sentir nada sino odio, rencor y amargura. El plan de Diana es disparar directo al corazón de Hades con la pistola de Cupido, una vez que éste hubiese abierto su obsequio: un espejo. Cierro esta publicación con la escena del cómic.

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Buscar el fuego

A pesar de su belleza, el invierno puede resultar una temporada difícil de vivir, no solo por las noches heladas y prolongadas, sino por las emociones que generan las reuniones familiares en los últimos días del año. El aire invernal viene con un dejo de nostalgia, tal vez por aquéllos que ya no están en las celebraciones, o porque ya nada es como antes, o bien porque aparecen de golpe los propósitos incompletos. El pasado y el futuro convergen en la heladera de diciembre. Miramos hacia atrás a manera de remembranza: cómo cuesta trabajo soltar. Miramos hacia adelante con la esperanza propia del final de un ciclo: es momento de hacer planes. Pareciera que los ingredientes principales de la cena familiar son los recuerdos involuntarios y las compras compulsivas.

Rara vez, sin embargo, nos detenemos a mirar en nuestro interior.

Hace días que vengo sintiendo el frío del invierno que está entrando en mi casa y en mis huesos. Hace un año, al contrario, no sentía ni el frío ni los huesos, solo había lugar para el dolor que me obligaba a enfrentar la realidad de todas mis ciudades derrumbadas. En ese entonces lo prioritario era aceptar las pérdidas, procesar el duelo y preparar la reconstrucción. Hoy aprecio y agradezco esta sensación helada que se apodera de mis pies y de mis manos. Hoy le doy la bienvenida a este frío que me hace buscar el fuego.

Comparto esta frase de Mooji que leí hace unas horas:

Adéntrate en el fuego del auto descubrimiento. Este fuego no te quemará a ti, solamente quemará a quien no eres.

Quiero hacer del invierno una etapa de contemplación, de auto descubrimiento y trascendencia. Deseo que el silencio de las largas noches me ayude a escuchar ese claro mensaje detrás de todas mis emociones: la intuición. Esta vez me haré un regalo a mí mismo y dejaré que el frío sea mi maestro para que, como a las flores, le enseñe a mi corazón a renacer con la primavera.