La máscara detrás del cuarto oscuro

Hace días leí la publicación de una amiga, donde expresaba su desacuerdo en cómo inician muchas relaciones de pareja. “No escondan sus defectos, tarde o temprano salen a la superficie”, decía. Leer esto me conectó con el concepto de la sombra, de la oscuridad, con el arquetipo de la máscara, con la mentira.
Después me vino a la mente el libro de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, del cual comparto la siguiente frase:
“Hay un aire de muerte, una idea de mortalidad en la mentira que es de forma precisa lo que más odio y detesto en el mundo, lo que más me gustaría olvidar.”
Nuestra sombra vive en el corazón de las tinieblas, que podemos imaginar como un cuarto oscuro, sin ventanas, con la puerta cerrada. En este cuarto vamos acumulando la furia, las decepciones, el rechazo, el miedo y todo aquello de lo que hemos querido deshacernos.
Resulta lógico, si yo no quiero a mi sombra, ¿quién más la va a querer? ¿Y quién me va a querer a mí con esta sombra? Hay miedo entonces a quedarnos solos, a que nos abandonen nuestra pareja, nuestros padres y en el caso más extremo, Dios (cualquiera que sea la representación que éste tenga en nuestras vidas).
Huir de nuestra sombra nos desconecta de nosotros mismos, de nuestra humanidad, de nuestra intuición. Decía Edward Bach que la oscuridad se equilibra con luz. Es cuestión de abrir la puerta del cuarto oscuro, reconociendo, primero, que este cuarto existe.
Compartimos la afirmación de Black Eyed Susan (Rudbeckia hirta), flor del sistema de Flower Essence Services que nos ayuda a conectar con la oscurida en el centro de nuestra luz. El gesto de la flor es el de irradiar confianza (amarillo intenso) a partir del reconocimiento de un núcleo oscuro (la sombra). Puedes hacer esta afirmación para conectar con la vibración de Black Eyed Susan:
Me sumerjo en la oscuridad más íntima de mi alma.
 
En esta oscuridad emerge una nueva luz de entendimiento.
 
Yo soy la luz que ilumina esta oscuridad.
Afirmación de Patricia Kaminski.

Lola mirando hacia adentro

Esta es Lola. La vi solamente un par de veces. Cuando nos conocimos, supe que la estaba pasando mal. Luego me enteré la causa: divorcio. En esos días yo estaba felizmente casado y ni siquiera imaginaba lo difícil que podría resultar una separación definitiva. La vida, sin embargo, me tenía reservada una de las lecciones más difíciles y así, de manera inesperada, la lección se presentó sin dar tiempo a nada. De la noche a la mañana me encontré a mí mismo caminando en los zapatos de Lola. Fue entonces cuando supe de qué estaba hecho, de qué estamos hechos todos: de energía y conciencia. Este principio básico de la física cuántica nunca había resonar en mí hasta entonces. Aquí comenzó mi transformación interior y decidí mirar hacia adentro para encontrar las respuestas que siempre había buscado afuera.

Así como Lola, abrí mis ojos y miré hacia adentro. Pude ver el mar y el cielo y sentir cómo se funden en el infinito.

Pero no estaba solo: había flores en el camino.

Esa fue la primera vez que escuché el sonido de una crisálida cuando comienza a abrirse.