La vida en rosa

Vivir con miedo a amar es vivir en la ilusión de una protección más innecesaria que falsa. Resulta inútil poner escudos para dejar de sentir, o para “sentir menos”. Un corazón entumecido se encuentra voluntariamente separado de su propio poder creador, rechazando así la responsabilidad de escribir su propia historia y tomar las riendas de su vida.

Es tan fácil romper un corazón… ¿Pero por qué se rompe? La respuesta es simple: porque está expuesto, abierto, vulnerable. Los golpes duelen y desde ese dolor tendemos a cerrar las puertas del corazón como un acto de supervivencia. Estos momentos representan una oportunidad importante para:

  1. Que se lleven a cabo actos de introspección, transformación y trascendencia del dolor. En este caso, el corazón vuelve a abrirse de manera natural, a su propio tiempo, con nuevas fuerzas encontradas y con la fe restaurada.
  2. Cultivar la culpa, el rencor y la desconfianza. En este caso, la mente intenta controlar cuándo es momento de abrir de nuevo el corazón, invirtiendo tiempo en forjar escudos que le protejan de posibles daños en el futuro.

Claramente 1 y 2 son caminos distintos. La gran diferencia entre ambos es que el primer camino cree en la integración mientras que el segundo cree en la separación. La gran similitud entre ambos es que ninguno de ellos garantiza que no nos vuelvan a romper el corazón. El primer camino, sin embargo, busca la trascendencia y desde ahí es muy poco probable que el dolor ocurra por las mismas causas del pasado.

El rechazo de la persona que nos gusta, la separación en relaciones amorosas, los divorcios interminables y hasta la muerte del ser amado representan momentos de vida donde cerramos puertas. Incluso las relaciones donde, aún sin existir una separación, pareciera que el amor se ha apagado conllevan a cerrar la posibilidad de volvernos a enamorar de quien aún es nuestro compañero.

La verdad es que nadie quisiera pasar por la misma experiencia dolorosa y por ello da miedo volver a amar. Sin embargo, una sonrisa con miedo no ilumina y un beso a medias no sabe a nada. Quien decide usar armaduras no ha comprendido que la vulnerabilidad no es signo de debilidad, sino la prueba fehaciente de alguien que ya no vive por vivir, sino para vivir.

Hace tiempo que traigo el color rosa rondando en mi cabeza. lo veo en las flores, en las canciones, hasta en los atardeceres, por eso quise escribir sobre esencias de flores rosas en esta publicación, pues he visto cómo resultan de gran utilidad en el proceso de volver a abrir el corazón. Aquí presento algunas:

  • Pink monkeyflower (Mimulus lewisii, F.E.S.). Para el miedo a volver a abrir el corazón por temor a dejarlo expuesto, cuando existe la creencia de que no merecemos el amor por los errores cometidos en el pasado. Esta esencia floral reconecta con el milagro de ser vulnerables, comprendiendo que al estar expuestos somos más fuertes. La familia de flores del Mimulus se utilizan en terapia floral para ayudar a la psique a vencer los miedos. Los pequeños puntos rojizos en el centro de la flor indican la voluntad de enfrentar aquello que previene al alma para volver a abrirse. En la foto de esta publicación se muestra la flor del Pink monkeyflower, la cual considero una de las esencias florales más importantes para ayudar a recuperar la confianza en el amor.
  • Bleeding heart (Dicentra formosa, F.E.S.). Para ser capaces de romper con relaciones basadas en el miedo al abandono y la dependencia, abriendo camino a relaciones basadas en el respeto y la libertad.
  • Wild Rose (Rosa canina, Bach). Ayuda a superar la apatía por la vida, cuando “todo da igual” y por ende se comienza a vivir en automático. Al comprender que solo mediante mi participación activa retomo el papel de protagonista en mi proceso de sanación emocional, recupero el entusiasmo y dejo atrás el dolor de las decepciones del pasado.
  • Centaury (Centaurium erythraea, Bach). Flor clave en el reencuentro con uno mismo, ayudando a poner límites saludables y recuperando así el propio valor. Esta esencia floral ayuda a entender que el verdadero amor comienza por uno mismo.
  • Rosa rosa (Manou Meilland, Florara). En el proceso de duelo es importante encontrar fuentes de consuelo que nos ayuden a retomar fuerzas para seguir aprendiendo de las lecciones de la vida. La esencia floral de le Rosa rosa, con sus poderosas vibraciones, ayuda a encontrar comprensión y perdón en situaciones que han resultado emocionalmente devastadoras.
  • Pink flannel flower (Actinotus forsythii, Australian Bush). El agradecimiento y el aprecio por la vida como llaves para abrir el corazón son la característica de esta esencia floral cuyo centro rosáceo nos recuerda la energía del corazón. Pink flannel flower nos ayuda a conectar con la belleza de la alegría de vivir.

Escuchando “La vida en rosa” de Edith Piaf, en las últimas palabras de la canción, cuando dice “Mon coeur qui bat” (mi corazón que late), caigo en cuenta que no hay latido que se logre sin el impulso de abrir el corazón una vez más.

Un salto de fe

Mi consultante Alma ha estado tomando flores durante unos tres meses. Ayer me dijo que quería compartir conmigo uno de esos momentos en donde llega un pensamiento que parece diseñado para iluminar un cuarto oscuro. Sí, se dio cuenta de algo trascendente en su proceso y estaba emocionada.

Así es como funcionan las flores: el patrón de vibración de éstas entra en contacto con el campo energético del cuerpo humano, como en la analogía siguiente: la idea aparece, de manera honesta, espontánea, pura, así como cuando la flor se abre. En ese momento nos damos cuenta de las cosas, nos hacemos conscientes de lo que es.

Esto es lo que dijo Alma: “Me da miedo tener abundancia en todos los sentidos… y no sé cómo frenar esto, cómo romper con esto. No sé cómo aceptar todo lo bueno que el universo tiene para mí, pareciera que siempre le estoy huyendo. Es como si no creyera que está disponible para mí.” Alma estaba abriendo la puerta a una de las lecciones más hermosas de las flores de Bach,

La lección de Gentian: fe.

Hace meses, cuando comenzó la terapia floral, reconoció que había sentimientos no resueltos de rencor, los cuales estaban con ella desde hace bastante tiempo. También identificó momentos de apatía generalizada hacia ciertas situaciones, con frases como “Las cosas no van a cambiar, ¿para qué me molesto en hacer algo?”. Aquí quiero hacer un paréntesis para reflexionar entre la delgada línea entre resignación y aceptación. Si me resigno, dejo el poder de mi vida a las circunstancias (me muestro apático); si acepto, veo las cosas como son y tomo cartas en el asunto. Para estos bloqueos energéticos, su fórmula estuvo preparada con Willow (para el resentimiento) y Wild Rose (para la resignación).

Tengo que reconocer que, desde la primera sesión con Alma, intuí que Gentian iba a aparecer en algún momento, aún si no era evidente en un principio. Y así fue, con su mensaje de ayer y su “darse cuenta”, contactó con su necesidad de conectar con la abundancia. Estos momentos son los más bellos en la terapia floral, y es que a través de la apertura de consciencia se hace posible la verdadera transformación.

El proceso de Alma me ha hecho reflexionar sobre la fe. ¿Qué es?¿De dónde proviene? Creo que una manera de reconectar con la fe perdida es a través de la aceptación (retomo la esperanza, Wild Rose) y del perdón (suelto la pesada carga que me ancla al destino, Willow).

Esto es lo que el Dr. Edward Bach dijo de Gentian:

“Para quienes se desaniman con facilidad. Pueden estar progresando en la enfermedad, o en los asuntos de su vida diaria, pero cualquier retraso o interferencia en el progreso les causa duda y los desalienta.”

En la terapia floral, Gentian es para el pesimista, es decir, aquél que no quiere intentarlo de nuevo por miedo a volverse a encontrar con obstáculos en el camino. En mi práctica, he encontrado que el pesimismo tiene muchísimos matices y a veces no aparecen como evidentes. Sin embargo, todos esos matices tienen algo en común: la falta de fe, o la verdad autoimpuesta de que la abundancia no está disponible para uno mismo. Esto hace que los pensamientos de las personas tiendan a la negatividad, a esperar lo malo, pues en el fondo no creen que lo bueno esté a su alcance. En consecuencia, su mismo subconsciente pide a la vida que refuerce esta idea de fatalidad, para así justificar la creencia de que es mejor no intentarlo de nuevo.

La imagen que acompaña a esta publicación muestra un par de fotos y una ilustración de Gentian. Si ponemos atención en el gesto de la flor, podemos ver cómo parece dirigir su mirada hacia arriba, reconociendo así todo lo que está disponible para ella. Al abrir los brazos y dirigirlos hacia el cielo, no solo pide, sino que se sabe lista para recibir, pues su elongado cáliz abraza todo aquello que llega. Me encanta el gesto de Gentian, como una oración de felicidad elevada al cielo, al universo, confiando en la riqueza infinita de la cual ella también se sabe partícipe.

Como término, la fe se encuentra comúnmente ligada a la religiosidad, por ejemplo, creer en algo que no se experimenta con los sentidos o que no puede ser probado por la ciencia. No me encuentro de acuerdo con nada que implique creer “ciegamente” en algo, ya que ello implica no participar activamente de la experiencia. En este sentido, mi punto de vista personal es que la fe proviene de un proceso de comprensión.

Para cerrar esta publicación, dejo una lista de conclusiones al respecto:

  • Fe, es comprender que detrás de cada obstáculo hay una oportunidad para crecer.
  • Fe, es comprender que toda oportunidad de trascender no es derecho de unos cuantos, sino que está disponible para todos.
  • Finalmente, fe es comprender que la evolución es nuestro derecho divino.