La semilla y el intento

Sembrar una semilla es un acto de amor, pero tu amor no garantiza que broten sus flores.

Puede ser que la riegues de más y se ahogue; puede ser que no le pongas suficiente agua y se seque; puede ser que no hayas elegido buena tierra y no logre echar raíces. También puede ser que, aún después del paso de tormentas y huracanes se abran todas sus flores.

Lo único cierto es que cuando siembras la semilla no sabes si verás alguna de sus flores.

Solo la cubres con un poco de tierra y esperas que el sol le brinde su calor, que la luna la cobije, que el tiempo le traiga fuerza, que el cielo la humedezca con su lluvia y que conecte con la sangre de la tierra.

Así, es en el intento, no en el resultado, cuando hacemos un espacio en nuestro corazón para que ocurra la vida como es, no como quisiéramos que fuera.

Porque quien vive de resultados es la mente, que todo lo estructura y lo controla; mientras es el corazón quien orquesta en armonía la cohesión instantánea de partículas llamada realidad.

Porque tal vez la semilla que tardaba en germinar solo estaba esperando que pasara el invierno para abrirse a la vida como flor en primavera.

Y aunque tú ya no la vieras, sería hermosa, como todas las flores.

Cupido y el espejo

El disparo va directo a tu corazón.  Flotas en nubes y bailas entre flores. Todo fluye diferente. Te enamoras. Estás vivo. Experimentar esa sensación es un milagro y si es correspondida es aún más maravilloso.  Se dice que cuando Cupido dispara, la persona que ven tus ojos se convierte en la fuente de tu amor.

También dicen que el amor es ciego, pero yo creo que no. El miedo sí lo es. Por miedo a sufrir ponemos una venda en los ojos del amor. Te amo para que no me abandones. Te amo para que no me rechaces. Te amo para sentirme protegido. Te amo para sentirme aceptado. Te amo para que mi vida tenga sentido. Te amo para… la lista es interminable. El amor ciego justifica todo con tal de no enfrentar el dolor que causan las carencias emocionales.

Si te pierdes en el proceso de valorar a alguien (de manera desproporcionada) corres el riesgo de olvidarte de tu propio valor. Ama sin medida, pero con límites, dice Walter Riso. Es cierto, el amor no se mide (de aquí a la luna, por ejemplo), sino que se experimenta como consecuencia del respeto, la ternura, la honestidad, la amistad y el erotismo de las personas que se aman.

Lo cierto es que nadie es responsable de sanar tus carencias emocionales. Nadie, excepto tú mismo. El amor con los ojos abiertos acompaña en libertad, sin la intención de reparar nada en el otro. Si ese es tu objetivo, es posible que Cupido haya desperdiciado un disparo y tú te hayas puesto una venda.

Paradójicamente, el amor ciego se origina en la falta de amor a uno mismo. Así, buscamos en el otro aquello que no creemos encontrar en nuestro interior, pues no podemos entender que siempre ha estado ahí. Acéptate, quédate contigo, protégete, abrázate, encuentra el sentido de TU vida. Ámate. Abre los ojos al amor. Ámate, pero hazlo sin vendas en los ojos, pues el amor ciego hacia ti mismo (narcisismo) también terminará  causando daños.

Hace tiempo, leyendo el cómic de  la mujer maravilla (DC, The New 52, Vol. 4, 10), la siguiente escena me dejó un gran aprendizaje. La historia se sitúa en el contexto de la mitología griega. Diana (la mujer maravilla), en un acto de compasión, le hace un regalo a Hades, Dios del inframundo y personaje incapaz de sentir nada sino odio, rencor y amargura. El plan de Diana es disparar directo al corazón de Hades con la pistola de Cupido, una vez que éste hubiese abierto su obsequio: un espejo. Cierro esta publicación con la escena del cómic.

3649222-0512719834-wonde

Despierta, mi bien, despierta

La vida es una película y cada quien nace siendo protagonista de la suya. A veces, sin embargo, pasamos a ser actores secundarios.

─¡Pero claro que soy el protagonista de la película de mi vida!─ dirían algunos. Excepto cuando estoy obsesionado con que mi pareja cambie, con que mi jefe me tome en serio, con que mis hijos sean más agradecidos y que mis padres dejen de hacerme sentir culpable, por mencionar algunas escenas recurrentes. Al enfocar toda mi atención en los demás, los verdaderos protagonistas son ellos, no yo.

Es común confundir protagonismo con egoísmo, pero representan cosas muy diferentes. El egoísmo es una búsqueda voraz de la propia satisfacción mediante estímulos externos (lo motiva la soberbia); en cambio,  el protagonista desea encontrarse a sí mismo, caminando hacia su propio corazón (dirigido por el amor). El egoísmo aísla, el protagonismo dignifica.

Dice Carl Jung:

“Tu visión será clara solo cuando puedas mirar dentro de tu propio corazón. Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.”

Bajo esta analogía, el protagonista vive la realidad de su historia con los ojos bien abiertos, mientras que el egoísta está atrapado en el sueño del personaje secundario.

El protagonista también elige la responsabilidad sobre la culpa, la transformación sobre la comodidad, el valor sobre el pánico, la verdad sobre la mentira, la intuición sobre la desconexión, el perdón sobre el dolor. Por estas razones, puede ser aterrador para muchos vivir su película como protagónicos, pues significa que deberán llevar el peso de una historia que no siempre resulta agradable. Lo cierto es que la trama puede cambiar cuando el personaje principal decide enfrentar sus batallas.

Tal vez sea necesario despertar y mirar hacia adentro para darnos cuenta que además de actores principales, también podemos ser los directores de nuestra película.

 

El corazón de las tinieblas

Hace días apareció una publicación de mi amiga Tara, en facebook, donde expresaba su desacuerdo en cómo inician muchas relaciones de pareja. “No escondan sus defectos, tarde o temprano salen a la superficie”, decía. Leer esto me conectó con el concepto de la sombra, de la oscuridad, con el arquetipo de la máscara. Con la mentira.

Después me vino a la mente el libro de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, del cual comparto la siguiente frase:

“Hay un aire de muerte, una idea de mortalidad en la mentira que es de forma precisa lo que más odio y detesto en el mundo, lo que más me gustaría olvidar.”

Nuestra sombra vive en el corazón de las tinieblas, al cual visualizo como un cuarto oscuro, sin ventanas, con la puerta cerrada. En este cuarto vamos acumulando la furia, las decepciones, el rechazo, el miedo y todo aquello de lo que hemos querido deshacernos.

Resulta lógico, si yo no quiero a mi sombra, ¿quién más la va a querer? ¿Y quién me va a querer a mí con esta sombra? Hay miedo entonces a quedarnos solos, a que nos abandonen nuestra pareja, nuestros padres y en el caso más extremo, Dios (cualquiera que sea la representación que éste tenga en nuestras vidas).

Así, en nombre del amor, elegimos escondernos.

Huir de nuestra sombra nos desconecta de nosotros mismos, de nuestra humanidad, de nuestra intuición. Decía Edward Bach que la oscuridad se equilibra con luz. Es cuestión de abrir la puerta del cuarto oscuro, reconociendo, primero, que este cuarto existe.

Quitémonos la máscara dando un salto al vacío, que en el fondo del abismo hay luz. Quitémonos la máscara, no hay peligro, aquéllo de lo cual huímos solo pide que abramos la puerta. Quitémonos la máscara, frente al espejo, frente a frente con el ser de quien deseamos la más profunda aceptación, quien más nos pide amor. Sí, hablo de uno mismo, porque los demás, al final, son también nuestro reflejo.

Flores relacionadas: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, willow, crab apple, scarlett monkey flower.

 

❀ ✿ ❁ ✾ ❋ ƸӜƷ ❋ ✾ ❁ ✿ ❀

The other day I saw this facebook post on my friend Tara’s wall. She had it clear saying how pointless it was to pretend being someone else for the sake of being loved. “Your darkness will show up one way or the other, it’s a matter of time”.

Her words resonated deeply within me. Darkness, what is it? Why do we wear masks to be loved? Certainly, we all have learned how to hide what we don’t want to see about ourselves.

There is a place where we bury the rage, the sadness, the resentful memories, where we keep the hurtful past trapped, the fear, the panic, the absolute loneliness. That place is the very heart of darkness and our shadow lives there. I now believe we have learned to ignore this place because we want to be good, accepted by our loved ones, approved by our parents, by the universe, by God.

Thus, in the name of love, we hide.

For me, darkness is a room with doors all closed. Fortunately, there is also room for light, it is just a matter of opening doors. Nonetheless, light cannot enter into a room whose existence has not been acknowledged.

Maybe, it is by neglecting the darkness within us that we start the self-disconnection process, the self-lies, the self-sabotage, the walking with closed eyes: the loss of our intuition.

Neglecting our darkness is also neglecting our light and it ultimately prevents us from experiencing the miracle of self forgiveness.

Let us drop the mask and allow our imperfection be revealed. Let us drop the mask big time, jumping into the sacred abyss of our soul, for there is infinite light at the bottom. Let us drop the mask, all masks, in front of the mirror, because it is from ourselves, not from others, that we seek acceptance, that we ask for love. The world is, at the end, a reflection of ourselves, our mirror.

To finish this post, I will share a quote from Joseph Conrad’s Heart of Darkness:

“There is a taint of death, a flavour of mortality in lies – which is exactly what I hate and detest in the world – what I want to forget.”

Related flowers: agrimony, black-eyed Susan, rock rose, cherry plum, crab apple, willow, scarlett monkey flower.

Un salto de fe

Mi consultante Alma ha estado tomando flores durante unos tres meses. Ayer me dijo que quería compartir conmigo uno de esos momentos en donde llega un pensamiento que parece diseñado para iluminar un cuarto oscuro. Sí, se dio cuenta de algo trascendente en su proceso y estaba emocionada.

Así es como funcionan las flores: el patrón de vibración de éstas entra en contacto con el campo energético del cuerpo humano, como en la analogía siguiente: la idea aparece, de manera honesta, espontánea, pura, así como cuando la flor se abre. En ese momento nos damos cuenta de las cosas, nos hacemos conscientes de lo que es.

Esto es lo que dijo Alma: “Me da miedo tener abundancia en todos los sentidos… y no sé cómo frenar esto, cómo romper con esto. No sé cómo aceptar todo lo bueno que el universo tiene para mí, pareciera que siempre le estoy huyendo. Es como si no creyera que está disponible para mí.” Alma estaba abriendo la puerta a una de las lecciones más hermosas de las flores de Bach,

La lección de Gentian: fe.

Hace meses, cuando comenzó la terapia floral, reconoció que había sentimientos no resueltos de rencor, los cuales estaban con ella desde hace bastante tiempo. También identificó momentos de apatía generalizada hacia ciertas situaciones, con frases como “Las cosas no van a cambiar, ¿para qué me molesto en hacer algo?”. Aquí quiero hacer un paréntesis para reflexionar entre la delgada línea entre resignación y aceptación. Si me resigno, dejo el poder de mi vida a las circunstancias (me muestro apático); si acepto, veo las cosas como son y tomo cartas en el asunto. Para estos bloqueos energéticos, su fórmula estuvo preparada con Willow (para el resentimiento) y Wild Rose (para la resignación).

Tengo que reconocer que, desde la primera sesión con Alma, intuí que Gentian iba a aparecer en algún momento, aún si no era evidente en un principio. Y así fue, con su mensaje de ayer y su “darse cuenta”, contactó con su necesidad de conectar con la abundancia. Estos momentos son los más bellos en la terapia floral, y es que a través de la apertura de consciencia se hace posible la verdadera transformación.

El proceso de Alma me ha hecho reflexionar sobre la fe. ¿Qué es?¿De dónde proviene? Creo que una manera de reconectar con la fe perdida es a través de la aceptación (retomo la esperanza, Wild Rose) y del perdón (suelto la pesada carga que me ancla al destino, Willow).

Esto es lo que el Dr. Edward Bach dijo de Gentian:

“Para quienes se desaniman con facilidad. Pueden estar progresando en la enfermedad, o en los asuntos de su vida diaria, pero cualquier retraso o interferencia en el progreso les causa duda y los desalienta.”

En la terapia floral, Gentian es para el pesimista, es decir, aquél que no quiere intentarlo de nuevo por miedo a volverse a encontrar con obstáculos en el camino. En mi práctica, he encontrado que el pesimismo tiene muchísimos matices y a veces no aparecen como evidentes. Sin embargo, todos esos matices tienen algo en común: la falta de fe, o la verdad autoimpuesta de que la abundancia no está disponible para uno mismo. Esto hace que los pensamientos de las personas tiendan a la negatividad, a esperar lo malo, pues en el fondo no creen que lo bueno esté a su alcance. En consecuencia, su mismo subconsciente pide a la vida que refuerce esta idea de fatalidad, para así justificar la creencia de que es mejor no intentarlo de nuevo.

La imagen que acompaña a esta publicación muestra un par de fotos y una ilustración de Gentian. Si ponemos atención en el gesto de la flor, podemos ver cómo parece dirigir su mirada hacia arriba, reconociendo así todo lo que está disponible para ella. Al abrir los brazos y dirigirlos hacia el cielo, no solo pide, sino que se sabe lista para recibir, pues su elongado cáliz abraza todo aquello que llega. Me encanta el gesto de Gentian, como una oración de felicidad elevada al cielo, al universo, confiando en la riqueza infinita de la cual ella también se sabe partícipe.

Como término, la fe se encuentra comúnmente ligada a la religiosidad, por ejemplo, creer en algo que no se experimenta con los sentidos o que no puede ser probado por la ciencia. No me encuentro de acuerdo con nada que implique creer “ciegamente” en algo, ya que ello implica no participar activamente de la experiencia. En este sentido, mi punto de vista personal es que la fe proviene de un proceso de comprensión.

Para cerrar esta publicación, dejo una lista de conclusiones al respecto:

  • Fe, es comprender que detrás de cada obstáculo hay una oportunidad para crecer.
  • Fe, es comprender que toda oportunidad de trascender no es derecho de unos cuantos, sino que está disponible para todos.
  • Finalmente, fe es comprender que la evolución es nuestro derecho divino.